José Pekerman y su cuerpo técnico lo conocían muy bien. Todavía no había explotado pero en la Selección argentina ya lo tenían en el radar. En el Barcelona había un jugador categoría 87 que hacía mucho ruido. No era tan conocido en el entorno porque se había ido de las inferiores de Newell's cuando solo tenía 13 años. Un tiempo atrás, le había llegado un video de sus jugadas a Marcelo Bielsa, entrenador de la mayor de ese momento. Algo despistado, le pidió a su ayudante, Claudio Vivas, que le mostrara las imágenes en velocidad real, que esa versión estaba modificada. Pero no era así: simplemente se trataba de un joven que llevaba el balón demasiado rápido.
Casi un año antes de la Copa Mundial Sub-20 2005, la Asociación del Fútbol Argentino armó un partido amistoso en la cancha de Argentinos Juniors, contra Paraguay. En el estadio no había más de 500 personas. ¿El objetivo? Terminar de conocer a Lionel Messi. Entró en el segundo tiempo e hizo un verdadero desastre, en un duelo que terminó en goleada: dos goles y una asistencia. Desde ese momento pasó a formar parte de las convocatorias al Sub-20 de Hugo Tocalli, el hombre de confianza de Pekerman. Solo tenía 17 años.
Messi debutó en la seleccion argentina
La magia de Messi en el Mundial Sub-20
En junio del 2005, en la Copa Mundial Sub-20 que se disputó en Países Bajos, Francisco Ferraro tomó el lugar de Tocalli, que había pasado a ser colaborador de Néstor Pekerman en la mayor. Y, en el comienzo del torneo, contra Estados Unidos, el entrenador decidió dejar en el banco de suplentes a Messi. El equipo Albiceleste perdió 1 a 0. La Pulga, con la número 18, pelo corto, ingresó en el entretiempo y le cambió la cara al equipo. Desde ese momento nunca perdería la titularidad. De hecho, se convertiría en la figura y goleador de la edición con la que la Selección argentina conquistaría su quinta corona en la categoría (sumaría una más en el 2007, de la mano de un brillante Sergio Agüero, que también formó parte del plantel que salió campeón en 2005).
Ahora con la número 19 en la espalda, el cuerpo más bien sin desarrollar del todo y la misma zurda que enamoraría al mundo, Lionel Messi hizo su debut en la Copa Mundial de la FIFA el 16 de junio de 2006. Su aparición fue el postre de lujo de una noche única que vivió el fútbol argentino en Gelsenkirchen. Por la segunda fecha del grupo C de la Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006, Argentina goleó por 6 a 0 a Serbia y Montenegro, la mayor victoria albiceleste en la historia de la cita máxima junto con el triunfo por 6 a 0 a Perú en 1978.
"Sabíamos que era un chico diferente. No podías creer las cosas que hacía. El dominio que tenía con la pelota, con velocidad, todo lo que hacía nos sorprendía...", dijo Maxi Rodríguez a FIFA.com. El mediocampista, participante de tres Copas Mundiales (2006, 2010 y 2014), fue reemplazado por Messi a los 75 minutos, después de hacer dos goles.
En el banco de suplentes, un tal Lionel Scaloni, que en ese partido no tuvo acción, le pegó un grito justo en el momento en el que Messi caminaba para escuchar a su entrenador. Se sentó en el medio de Pekerman y Néstor Lorenzo, ahora director técnico de Colombia, mientras se ponía la camiseta 19, alternativa. Chocaron las manos y le dijo algo al oído, no más de dos o tres palabras. Rodríguez no se acuerda del todo, pero algo del tipo "Dale, eh" o "vamos, dale". En las tribunas, Diego Maradona explotaba particularmente. Alzaba los brazos, agitaba por su ingreso al campo de juego. Casi un grito de gol.
Los abrazos de Messi valen más que un trofeoNo sólo se trata de ser un genio del fútbol. A Lionel Messi no lo definen únicamente los objetivos cumplidos, los sueños realizados, los goles marcados o los títulos levantados. El cariño y la adoración de sus compañeros a lo largo de las casi dos décadas que lleva vistiendo la camiseta argentina son una manera completa de retratarlo.
"Era un gambeteador. Él agarraba la pelota y parecía que gambeteaba y eludía conos. Porque a los rivales los pasaba de esa manera. Era asombroso cómo lo hacía y tan natural, tan sencillo, tan simple todo", comentó Rodríguez.
El partido ya estaba 3 a 0 para Argentina. Messi entró con ganas de mostrarle a todo el planeta el fútbol lo que llevaba dentro. Tres minutos después de su ingreso, tras una conexión con Riquelme, regaló una jugada con su sello para asistir a Hernán Crespo. Luego llegó el tanto de Tevez. Con el 5 a 0 en el marcador, al partido parecía quedarle un solo desafío: que llegue el gol de Leo.Y Messi esquivó rivales pero no objetivos. A los 88 minutos recibió un pase al espacio de Tevez, controló en el área y sacó un derechazo para la historia. Luego llegarían otros 12 gritos en Brasil 2014, Rusia 2018 y Catar 2022 para transformarse en el máximo goleador argentino en Mundiales. Messi es, además, el futbolista que más partidos jugó en una cita máxima en toda la historia.
"Él agarraba la pelota y podía pasar a 6 o 7 jugadores como nada. Y a medida que fue pasando el tiempo, es un jugador mucho más pensante, más pasador. Es el mejor de todos, entonces es completo", expresó Rodríguez. Y agregó: "Tenía algo que era muy bueno...la definición. Venía en velocidad y tenía el arco en el radar, tenía el mapa en la cabeza"."Un poco en broma, siempre le digo que cuando choqué sus manos le transferí la magia", comenta Rodríguez. Lo que nadie imaginaba era la vigencia, la permanencia. Veinte años después, Messi vuelve a ser protagonista de una cita, ahora en la Copa Mundial 2026. Parece una especie de efeméride viva que nunca deja de sumar episodios, una historia sin final que ya tuvo su capítulo más feliz pero se permite agregar más páginas en blanco, dignas de un sueño tan grande como el talento de ese chico que eludía rivales como conos y, hasta ahora, logró gambetear hasta al tiempo.