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Con lo justo, ganó el Barcelona y quedó a uno del Aleti

Con gol de Dembelé a los 44 minutos del complemento, el Barcelona derrotó por la mínima al Valladolid. En la próxima fecha enfrentará al Real Madrid.

No solo con goleadas está dispuesto Barcelona a pelear por el título de la Liga de España. También demostró que lo puede hacer con sufrimiento, sin jugar del todo bien, con Lionel Messi menos decisivo que lo habitual. Barcelona concretó el objetivo de triunfar y ponerse a un punto del líder Atlético de Madrid, que por diciembre le llevaba 13 unidades de ventaja. A falta de nueve fechas, Barcelona deberá extender su remontada el próximo sábado en el clásico con Real Madrid, que también tiene mucho que decir desde la tercera posición. Quedan 9 fechas y la definición se anuncia como un thriller apasionante, ya que también está pendiente el choque Barcelona-Atlético de Madrid, el 5 de mayo.

Lo que no se preveía era que a Barcelona le iba a costar tanto vencer a Valladolid, que se ubica a tres puntos de los puestos de descenso y llegaba al Camp Nou con 12 bajas. Se iba el partido con un sorpresivo 0-0, entre los ataques confusos de Barcelona y un rival que en el último cuarto de hora aguantaba con uno menos por la expulsión de Plano.

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Equipo académico y estilista, Barcelona también mostró empuje para ganar con el último arrebato. Urgido por llegar al gol fuera, llegó el centro de Lenglet desde la derecha, el central Araujo se vistió de Piqué para la carga aérea y la pelota le quedó en el segundo palo a Dembelé, cuyo remate dio en el arquero Masip. Un gol poco estético, pero valiosísimo, para festejarlo con una montaña de jugadores subidos al delantero francés.

Normalmente, a los clubes grandes les cuesta retomar el ritmo de competencia tras una fecha FIFA por la cantidad de jugadores que ceden a los seleccionados. Para Messi hubo descanso, sin viaje trasatlántico, por la postergación de la jornada de las eliminatorias de Conmebol. Una buena oportunidad para focalizarse, física y mentalmente, en la arremetida en la Liga. Ronald Koeman dispuso por cuarto encuentro consecutivo la misma formación, síntoma de que un equipo que viene encontrando una estabilidad en su integración y rendimiento.

Las preocupaciones de Valladolid pasaban por otro lado. Los seleccionados no le desmembraron el plantel, pero entre contagiados de covid-19, lesiones y suspensiones, el entrenador Sergio González se quedó sin 12 futbolistas, entre ellos, el goleador Shon Weissman.

Lo que parecía un panorama más que favorable para Barcelona quedó desmentido en el primer tiempo, cuando una de las dos situaciones más clara fue un cabezazo de Kodro que devolvió el travesaño. La acción no estuvo fuera de contexto, formó parte de un desarrollo en el que a Barcelona le costó armar juego, le faltó fluidez y continuidad. Valladolid pobló la mitad de la cancha y cortó los circuitos locales. Para Messi fue casi imposible entrar por el medio, fuera a través de la gambeta o asociándose con un compañero. Solo le quedó la alternativa de un tiro libre frontal, que salió desviado junto a un poste.

El único que al final de la primera etapa logró atravesar el grueso entramado defensivo fue Pedri, con un remate desde fuera del área que despejó Masip -arquero formado en la Masía- y luego dio en un poste. En los rostros de los jugadores de Barcelona empezaba a advertirse tensión y preocupación; Messi y Alba se fueron al descanso con alguna queja hacia el árbitro. En esos 45 minutos inciales, Barcelona tenía más amonestados (Griezmann y Mingueza) que su rival (Bruno González).

Minutos antes de empezar el partido, Messi reunió las dos facetas que le dan sentido a su vida: lo futbolístico y lo familiar. Barcelona lo agasajó con una camiseta enmarcada por su récord de presencias (767 partidos), alcanzado en la fecha pasada. Tras la foto con todo el plantel en medio de la sonrisa general, el rosarino hizo pasar a su esposa Antonella y sus tres hijos (Thiago, Mateo y Ciro) para retratarse en la que es su segunda casa, el Camp Nou.

En el túnel del vestuario, camino a disputar la segunda etapa, a Messi se le escuchó el pedido de “una marcha más” a sus compañeros. La necesitaba Barcelona para sacar a Valladolid de la seguridad con que lo estaba neutralizando. Un poco más activo el conjunto, Dembelé forzó un tiro libre que Messi no aprovechó con un disparo que rebotó en la barrera.

Un poco más espabilado, Barcelona lidió contra un rival que se cubría con una línea de cinco y otros cinco futbolistas unos metros más adelante. De todas maneras, Valladolid no renunció a contraatacar. A los 11 minutos, el lateral ex Boca Lucas Olaza encontró un hueco por la izquierda y sacó un zurdazo que dio en la parte exterior de la red. En el local, Dest no desequilibraba como carrilero por la derecha y Alba, siempre más incisivo por la izquierda, esta vez le costaba llegar al fondo

En unas de las pocas ocasiones que Valladolid quedó con las líneas adelantadas, Pedri construyó un contraataque que no aprovecharon Dembelé (tapó Masip) ni Griezmann (cabeceó desviado). Como la búsqueda era insuficiente, Koeman hizo tres cambios en un mismo minuto y cambió el sistema por una línea de cuatro: Ronald Araujo (por el amonestado Mingueza), Braithwaite (por Busquets) y Trincao (por Griezmann).

Messi tuvo otro tiro libre, atajado por Masip. Volvió a intentar con la media distancia, esta vez con la pelota en movimiento, y el remate se le fue junto a un poste. A los 33 minutos, Valladolid se quedó con 10 por la rigurosa expulsión con roja directa de Plano, cuyo foul sobre Dembelé estaba debidamente castigado con una tarjeta amarilla.

Koeman sumó a los juveniles Riqui Puig y Moriba. Barcelona estaba muy cerca de lamentar que su gran racha de los últimos 18 partidos (15 triunfos y tres empates) se frenara en un momento muy inconveniente, justo cuando estaba por pisarle los talones al Atlético de Madrid. Venía de marcar 10 goles en las dos fechas anteriores. No es un equipo muy abonado a los triunfos dramáticos, pero esta vez le salió desde adentro un arresto salvador. En la noche que no le sobró fútbol, Barcelona demostró que de confianza viene bien pertrechado.

FUENTE: La Nación