La hija de Amalita se dedicó mayormente a la filantropía y a la familia, más que a los negocios. Junto a sus tres hijos, Alejandro, Bárbara Bengolea y Amalita Amoedo, estuvo a cargo de la Fundación Fontabat, que controla la valiosa colección de arte que pertenecía a su mamá. Además se dedicaba a la actividad agropecuaria y ganadera.Durante el sepelio de su hijo Alejandro se la pudo ver con una máscara de oxígeno y fumando, a pesar de los problemas de salud que padecía producto del cigarrillo.Su hijo falleció hace apenas cinco meses, víctima de cáncer. Tenía 50 años y era uno de los herederos de la multimillonaria fortuna que dejó quien fue una de las empresarias más ricas de la Argentina.