El propio Gobierno ya espera un deterioro
En la Casa Rosada reconocen que el próximo informe podría mostrar un cambio de tendencia. Las estimaciones oficiales ubican la pobreza del primer semestre entre 30% y 31%, aunque interpretan el posible aumento como un fenómeno transitorio.
La explicación oficial apunta principalmente a la pérdida de poder adquisitivo provocada por la evolución de los precios durante los últimos meses. El argumento es que la presión cambiaria posterior al último proceso electoral tuvo un impacto sobre la inflación y, con cierto rezago, sobre las canastas utilizadas para medir la pobreza.
La apuesta del Gobierno es que una nueva etapa de desaceleración inflacionaria permita recomponer los ingresos reales y retomar el sendero descendente del indicador.
Los ingresos ya no avanzan al mismo ritmo
El problema es que la pobreza no depende exclusivamente de cuánto aumenta la inflación, sino de cómo evolucionan los ingresos de los hogares frente al costo de la canasta básica.
En los últimos meses, la recuperación del poder adquisitivo perdió fuerza respecto del proceso observado durante 2024 y buena parte de 2025. A esto se suma la debilidad del mercado laboral formal, que acumula un prolongado retroceso en el empleo privado registrado.
La generación de trabajos informales y por cuenta propia no necesariamente alcanza para compensar esa pérdida, especialmente entre los hogares de menores ingresos.
Así, el escenario combina una inflación mucho más baja que durante el comienzo de la gestión de Javier Milei con una recuperación salarial que perdió velocidad. Esa diferencia es la que podría volver a empujar a más hogares por debajo de la línea de pobreza.
Una reversión de uno de los principales logros de Milei
Un eventual aumento de la pobreza representaría un giro respecto de uno de los principales argumentos que el Gobierno utilizó para defender su programa económico.
Después del fuerte salto registrado durante los primeros meses de la gestión, la estabilización y la recuperación de los ingresos permitieron que millones de personas abandonaran la pobreza. El oficialismo llegó a atribuirse la salida de alrededor de 14 millones de argentinos de esa situación.
Ahora, las nuevas estimaciones plantean la posibilidad de que una parte de esa mejora se haya perdido.
Los especialistas ya habían advertido señales de deterioro hacia finales de 2025. Martín González Rozada, de la Universidad Torcuato Di Tella, había proyectado una pobreza cercana al 31,6% para enero-junio de 2026, frente al 28,2% del semestre anterior.
Desde el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, Agustín Salvia también había señalado que la caída de la pobreza había comenzado a frenarse durante el último trimestre de 2025. Una lectura similar planteó Leopoldo Tornarolli, del Cedlas, quien estimó que el indicador podría aumentar algunos puntos.
La canasta básica vuelve a poner presión
Otro elemento clave es la evolución de las canastas utilizadas por el INDEC. Durante agosto, según los datos mencionados en las proyecciones, aumentaron por encima de la inflación general.
Si esa dinámica se mantiene y los ingresos avanzan más lentamente, los hogares pueden volver a quedar rezagados frente al costo de los bienes y servicios necesarios para cubrir sus necesidades básicas.
El impacto puede ser mayor entre trabajadores informales y personas cuyos ingresos no tienen mecanismos automáticos de actualización. Por eso, la evolución de los salarios y de las transferencias sociales será determinante para establecer finalmente cuánto aumentó la pobreza.
El dato del INDEC tendrá un fuerte impacto político
El próximo 24 de septiembre será clave para el Gobierno. Si el INDEC confirma una pobreza cercana al 31%, Milei deberá enfrentar un escenario diferente al que venía mostrando desde la recuperación iniciada después del fuerte deterioro de 2024.
La discusión ya no estará concentrada solamente en la inflación. También volverá a cobrar fuerza una pregunta central sobre el programa económico: si la estabilización está llegando con suficiente velocidad a los sectores más vulnerables.
Para el Gobierno, la clave será demostrar que el eventual aumento es transitorio y que una inflación más baja, acompañada por una recuperación de los ingresos, permitirá retomar la reducción de la pobreza durante la segunda mitad del año.