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Por qué evaluamos el riesgo de tener COVID-19, según las emociones

Muchas veces, las personas tienden a sobreestimar o subestimar el riesgo, y la pandemia pone de relieve esta situación. “Imagínese a alguien con una máscara N95 mientras pasea a su perro por un parque desierto.. Compare eso con alguien que ingresa a un bar abarrotado sin máscara en un área con altas tasas de transmisión de coronavirus”, propuso Sheldon H. Jacobson, profesor de Ciencias de la Computación, Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, quien lideró una serie de estudios que abren un análisis renovado sobre el impacto de las emociones en el autocuidado.

Según los especialistas del espacio científico que Jacobson dirigió, el riesgo se calcula en función de factores lógicos y físicos, tanto cualitativos como cuantitativos. Una computadora podría combinarlos todos en una medida que capture la probabilidad, los beneficios y el costo de que ocurra un hecho. “Pero la gente tiende a evaluar el riesgo emocionalmente. Esta tendencia explica por qué muchos consideran que volar es más riesgoso que conducir, aunque no es cierto”, sostuvo Jacobson. A veces, se suele confundir riesgo con falta de control. Esa es una de las razones por las que a muchos les preocupan los vehículos autónomos , donde los algoritmos de inteligencia artificial controlan la dirección y el frenado.

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Las personas aceptan riesgos cuando sopesan favorablemente los beneficios percibidos o potenciales frente a los costos asociados. “Esa compensación explica por qué la gente apuesta en juegos de casino y loterías, a pesar de que su rendimiento esperado es negativo”, explicó el experto.

Los investigadores de la Universidad de Illinois, observaron la reacción de las personas a los riesgos del coronavirus desde el comienzo de la pandemia. La elección de vacunarse, por ejemplo, aseguraron los científicos, implica numerosos factores, personales y públicos, “para algunos, esta decisión es obvia. Para otros, está envuelta en niebla”, aseguró Jacobson.

En el centro de todas estas decisiones está la forma en que cada uno, como individuo, evalúa el riesgo y toma decisiones basadas en sus evaluaciones. ¿Cuáles son las diferentes perspectivas que conducen a diferentes formas de evaluar el riesgo? “Construir puentes entre tales perspectivas es crucial para alcanzar un compromiso social saludable”, responde Jacobson.

Una pandemia, diferentes perspectivas

Hay dos perspectivas generales ante la exposición al COVID-19, según indicaron en sus informes. Están los receptivos y los escépticos. Un amplio abanico de creencias sobre el riesgo del virus y la efectividad de las vacunas separa a estos dos grupos.

En su conjunto, la facción receptiva ve la pandemia científicamente. En general, están cargados de emociones al considerar su impacto y el camino a seguir, viéndolo como una gran crisis de salud pública. Saben que se han perdido muchas vidas y apoyan las respuestas sociales tomadas hasta ahora: llamados de los gobiernos a quedarse en casa, cierres de escuelas y cierres de comedores o espacios recreativos cerrados. Ven la variante Delta como la amenaza emergente más reciente. Aceptan el valor de usar protectores faciales en público y creen que todos deben vacunarse.

En contraste, la facción escéptica, según definen los especialistas, generalmente considera que el virus está en el mismo nivel de preocupación que la influenza estacional o el resfriado común. Reconocen que muchos han muerto, pero creen que estas personas probablemente ya tenían otros problemas de salud, por lo que el virus simplemente aceleró su desaparición. Cuestionan los beneficios de las respuestas sociales tomadas hasta ahora. Muchos creen que una infección previa los protegerá contra la variante Delta y que las cubiertas faciales son ineficaces para detener la propagación del virus. Son cautelosos con las vacunas, excepto posiblemente para las personas que realmente las necesitan, como los ancianos, y prefieren la inmunidad natural como su mejor defensa.

“Ambas percepciones contienen una combinación de observaciones válidas, creencias erróneas y desinformación”, aseguró Jacobson. La percepción receptiva refleja una aversión al riesgo. “Los de este grupo sobreestiman el riesgo del virus a nivel personal. Como tal, tratan los peores escenarios como resultados esperados. Para este grupo, los beneficios de las respuestas superan sus costos”, señalaron los investigadores.

En cambio, “la percepción escéptica refleja una alta tolerancia al riesgo. Sus acciones sugieren que subestiman el riesgo del virus a nivel poblacional. Como tal, tratan los mejores escenarios como resultados esperados. Este grupo cree que los beneficios de las respuestas en el pasado no justificaron sus costos”, aseguró el profesor que coordinó los estudio.

Para el equipo de científicos , el término medio es el camino acertado y donde mejor se puede evaluar el riesgo objetivo de la pandemia. Entonces, ¿cuál es este término medio basado en hechos? “La vulnerabilidad ayuda a explicar por qué las personas de los grupos de mayor edad han sido más receptivas a la vacunación. El cubrimiento facial y el distanciamiento social han sido efectivos para reducir la transmisión del virus”, explicaron en sus documentos.

Además, “cada persona infectada presenta una nueva oportunidad para que el virus mute -explicó Jacobson-. Así es como surgió la variante Delta. Además, las vacunas disponibles han proporcionado la forma más confiable de prevenir hospitalizaciones y muertes por el virus”.

El campo de estudio del análisis de decisiones se creó para informar procesos complejos, y además, proporcionar un conjunto de herramientas para equilibrar múltiples criterios al tomar una decisión. Según las investigaciones de la Universidad de Illinois, incluso con todos los datos disponibles, tanto las facciones receptivas como las escépticas basan su evaluación del riesgo en la emoción.

Las personas receptivas temen el impacto del virus en ellas mismas y en la población, y están dispuestas a aceptar las intervenciones recomendadas por los funcionarios de salud pública para mejorar dichos resultados. El resultado final son comportamientos que ayudan a reducir, pero no a detener, la propagación del virus. Las personas escépticas desconfían de las intervenciones propugnadas por agencias gubernamentales como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU., porque creen que son innecesarias y amenazan los medios de vida, el bienestar personal y las decisiones personales. El resultado final son comportamientos que no ayudan a reducir la propagación del virus, ya que creen que la necesidad de detenerlo es exagerada.

”Los individuos con percepciones receptivas y escépticas del virus no han podido encontrar muchos puntos en común. Los mismos conflictos existen en torno a las soluciones al cambio climático y otras políticas públicas -explicó el científico-. Superar las divisiones filosóficas requiere que cada facción se sienta segura en su posición y se le brinde la oportunidad de ser escuchada”. El uso de datos y hechos para generar consenso puede resultar eficaz, según indican los estudios. Con múltiples criterios evaluados de manera diferente por cada facción, todos pueden ser analistas de decisiones y alcanzar un terreno común para el cuidado.

Medidas como estas ayudarían a cerrar la brecha entre la respuesta al coronavirus. “Sin embargo, la clave para poner fin a la pandemia es lograr que ambas facciones la recorran juntas”, concluyó el especialista.