Las consolas de videojuegos marcaron a varias generaciones. Atari fue pionero con el lanzamiento del Pong en 1972; el Family Game irrumpió como una alternativa más popular en 1983, pero fue en la década del 90 cuando comenzó una carrera cuyo final es desconocido. En ese contexto, el 23 de junio de 1996, una de las empresas de entretenimiento líderes en el mercado presentó la Nintendo 64, que concebía el pasaje del 2D al 3D y ofrecía una nueva experiencia de jugabilidad.
Entre otras cuestiones, se trató de un artefacto de la quinta generación y, pese a que tuvo competidores de la talla de Saturn -de SEGA- y PlayStation, superó a todos en cuanto al número de ventas. Incluso, Sony pergeñó su aparato en base a los diseños que ya habían sido descartados por la firma nipona. Además, contaba con un procesador principal de 64 bits, una diferencia considerable con respecto a sus antecesores.
Si bien el uso de cartuchos en lugar de CD complejizaba sus costos de producción, le permitió a Nintendo incluir microprocesadores, utilizar técnicas de streaming para que los productos sean lo más parecidos posible a la vida real y ampliar, a la postre, su fecha de vencimiento. A su vez, la consola tenía un joystick con botones dispuestos en forma de cruz con el objetivo de que los consumidores pudieran tomar el control de cuestiones como la perspectiva de cámaras.
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Aquellas novedades fueron introducidas en el juego Super Mario 64, que vendió 11 millones de copias en todo el mundo y que se volvió furor. Al mismo tiempo, la compañía asiática lanzó un stick analógico aparte, que permitía distintos grados de movimiento, y un botón gatillo con recorrido específico. En su primera semana de lanzamiento en Japón, se registraron más de 500.000 transacciones para conseguir el artefacto.
Otro de los títulos populares fue “The Legend of Zelda”, que también fue realizado por Shigeru Miyamoto y que fue uno de los primeros juegos en obtener una puntuación perfecta en prestigiosas revistas. En total, surgieron 388 juegos y se discontinuaría en 2002, pese a que tanto en Europa como en la potencia oriental ya había empezado a languidecer doce meses antes.
El diseñador Giles Goddard, que trabajaba en la empresa, advirtió que el desarrollo de la N64 cambió el paradigma de aquel micromundo: “Casi todo el lado tecnológico de las cosas lo hizo: cosas como la iluminación, la cinemática inversa y la piel. En realidad, no teníamos ningún hardware final durante mucho tiempo, así que lo que estábamos haciendo es que teníamos una enorme supercomputadora Onyx que básicamente emulaba lo que sería el hardware eventualmente”.