Durante el descanso nocturno el cuerpo lleva adelante procesos esenciales. Se consolidan los recuerdos, se regulan distintas hormonas, disminuye la actividad del sistema cardiovascular y se producen mecanismos de reparación celular. Cuando esas etapas se interrumpen o se acortan, es normal que al día siguiente disminuya el rendimiento físico y mental.
Una sola noche de mal descanso puede afectar la concentración, el estado de ánimo y el rendimiento físico, aunque el organismo suele recuperarse si vuelve rápidamente a una rutina de sueño saludable. (Imagen web)
Aunque muchas personas recurren al café para combatir el cansancio, la cafeína solo ayuda a reducir temporalmente la sensación de sueño. No reemplaza las horas de descanso perdidas ni acelera la recuperación del organismo.
Para recuperar la energía después de una mala noche, los especialistas recomiendan volver al horario habitual de sueño en lugar de intentar compensar durmiendo muchas horas durante el día. También resulta beneficioso exponerse a la luz natural por la mañana, mantenerse bien hidratado, realizar actividad física y evitar el consumo excesivo de cafeína durante la tarde.
Las siestas también pueden ser una aliada, siempre que sean breves. Un descanso de entre 20 y 30 minutos puede mejorar el estado de alerta y la concentración sin interferir con el sueño nocturno. En definitiva, una noche aislada de mal descanso rara vez provoca consecuencias duraderas si después se recupera una rutina de sueño saludable.
El verdadero problema aparece cuando dormir poco se convierte en un hábito. En esos casos, el cansancio deja de ser pasajero y puede repercutir en la salud física, el rendimiento cognitivo y el bienestar general.