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Cómo afrontar el mal carácter de los chicos

Cada hijo es único e irrepetible. Irá formando y generando sus vínculos y relaciones desde la contención y con el apoyo de los padres.

“Tiene el carácter podrido del abuelo”, “tiene mal genio como la hermana del padre”, “es brava como era mi mamá”. Son algunas frases que las familias usan para excusarse sobre el mal comportamiento de los hijos.

Lo genético es como un decreto y pareciera que contra ese veredicto, no hay nada para hacer. Es una condena.

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Como familia, aportamos algo negativo si asumimos que los defectos que tiene el chico son heredados y, por lo tanto, la posibilidad de resolución no tendrá buen pronóstico.

Si bien lo genético existe y es un campo en constante desarrollo, como madres o padres no podemos actuar en el ADN de una célula, pero sí podemos actuar sobre lo vincular.

Cada hijo es una página en blanco y desde nuestra contención como padres podrán escribir sus primeras letras de vínculos y relaciones humanas, siempre con nuestro apoyo y acompañamiento.

Por el contrario, si valoramos las características positivas será determinante, mucho más que la carga genética, el vínculo positivo, que puede moldear aquello que creemos beneficioso en su personalidad.

Creando hábitos

¿Qué podemos darles como adultos? Juegos. Por ejemplo, un niño no se quería abrigar antes de ir al jardín. No quería saber nada y ya debían subir al ascensor. Lejos de catalogarlo como un comportamiento sin salida, la mamá le propuso jugar una carrera y rápidamente el nene se puso la campera para llegar primero a la planta baja. Es una forma de convertir un hábito en un juego.

Otro consejo es hacer un espacio para el “sí”, para que el chico pueda aprender. Jugando y aprendiendo podrá crecer y para ello, la comida es un buen ejemplo.

Hasta los nueve meses aproximadamente, se les da de comer y llega un momento en que ellos quieren ser activos, explorar, dejar de ser pasivos, salir al mundo. Puede suceder que tratar de alimentarse ellos mismos sea un enchastre. Dejarlos ser investigadores activos los dejará agotados, pero de estímulo y aprendizaje.

Exagerar con el orden (con la continuidad) es monótono y hay que combatirlo. Un día hay que sacudir la rutina que si bien es positiva para el desarrollo es necesario barrerla para salir de la “mismidad”, es decir, de que todos los días sean iguales.

Con imaginación, entra la novedad y la imprevisibilidad. Un ejemplo: cuando los buscamos del colegio no vamos a almorzar a casa, vamos a hacer un picnic. Y es que romper con la rutina es bueno para combatir sus peligros y formar una personalidad segura y contenida.

FUENTE: TN