Uno de los grupos de alumnos del colegio Santo Tomas de Aquino esperaba tener su clase de gimnasia en el patio del establecimiento. Sin embargo recibieron la noticia de que la profe no iba a llegar porque estaba enferma.
Minutos antes de la explosión, fueron trasladados, de casualidad nuevamente a las aulas. Esta casualidad no hizo más que salvarlos de lo que en ese momento podría haber sido una tragedia mayor, ya que explotaron los vidrios de las aulas y saltaron pedazos de mampostería.