Pero la historia de Dieguito no se limitaba a lo médico. Su familia también atravesó momentos complejos para poder sostener el tratamiento. En más de una oportunidad expusieron dificultades con la cobertura de la obra social Panaderos Omega Salud, lo que los llevó a pedir ayuda y buscar respuestas para no interrumpir la atención.
En ese escenario, la solidaridad apareció como un sostén. Vecinos, amigos y personas que se fueron enterando de su situación comenzaron a organizarse para colaborar. Una de las acciones más visibles fue una venta de empanadas, realizada a fines de febrero, que buscó reunir fondos y acompañar a la familia en medio de la incertidumbre.
Con el paso del tiempo, Dieguito se convirtió en mucho más que un nombre. Fue una historia que interpeló, que generó empatía y que unió a muchos en un mismo gesto: acompañar.
Su muerte deja un vacío difícil de explicar. En las redes sociales, los mensajes de despedida se multiplicaron, reflejando el impacto que tuvo su historia. Hoy, ese acompañamiento vuelve a hacerse presente, esta vez para abrazar a su familia en medio del dolor.