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SAN JUAN

Ojalá la próxima víctima del coronavirus sea la miseria humana

Por Yanina Urcullu

"Después de esto nacerá un nuevo mundo, estoy seguro de eso" decía el presidente Alberto Fernández en una entrevista para la TV Pública. Al virus del coronavirus lo mata la solidaridad, se viraliza en las redes. Y el himno nacional contra la enfermedad parece haberlo escrito hace muchos años el célebre Gustavo Cerati, cuando repite con su voz eterna "separarse de la especie por algo superior, no es soberbia es amor". Pero todo parece ser algo que queda bonito decir o fácil de compartir en las redes. Es que a juzgar por los hechos, el coronavirus llegó para quedarse en San Juan, ya que ni bien se conoció el primer caso positivo no hubo ni solidaridad, ni amor, ni mucho menos un mundo mejor.

Muy por el contrario, hubo viralización de fotos de la chica que padece la enfermedad, escrache en las redes, audios acusatorios y hasta apedreos en la casa de la joven, médica residente, que fue a capacitarse a España.

Los mismos que no se ponen la vacuna contra esta pandemia que castiga al mundo, evitando quedarse en sus casas, son los que salen a hacer un absurdo escrache a una persona que está enferma, y que como cualquiera, no eligió contagiarse.

Deplorable fue la actitud de aquellos que se sumaron en las redes sociales y en algunos medios, y compartieron información de la paciente, estigmatizándola y acusándola como si estar enfermo fuese un delito.

Ojalá la próxima víctima mortal del coronavirus sea la miseria humana, porque sino no sirve de nada que sigamos lamentándonos por los muertos de Italia y España, que compartamos hasta el cansancio el llanto de los médicos europeos y las salas de Urgencias llenas de pacientes que luchan contra esta difícil enfermedad. Ojalá Albert Camus quede como desactualizado con su célebre obra "La Peste" en la que describía: "Lo peor de la peste no es que mata los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso".