Para acceder a esta modalidad, los adolescentes deben contar con la autorización de sus padres o tutores. Este requisito formaliza la relación laboral y garantiza beneficios como vacaciones pagas, descansos adecuados y un salario igual al de un adulto que realice tareas similares.
Además, la ley establece que los jóvenes deben continuar asistiendo a la escuela mientras trabajan. Como explico a este medio, Luciana Cuk, titular de Formación y Empleo en San Juan:
"Teniendo en cuenta la situación económica del país, no es malo que los adolescentes trabajen, siempre y cuando se respeten las normas. Es fundamental guiarlos para que puedan seguir formándose y desarrollando habilidades que les permitan crecer en responsabilidad."
La ley establece que los adolescentes no pueden realizar tareas peligrosas, insalubres o agotadoras. La jornada laboral no debe superar las 6 horas diarias ni las 36 semanales en zonas urbanas, y está terminantemente prohibido el trabajo nocturno.
Estas medidas buscan que el trabajo sea una experiencia formativa, no una carga que limite sus oportunidades educativas o su salud.
Obligaciones para los empleadores
Para contratar a un adolescente bajo esta modalidad, los empleadores deben gestionar la Clave de Alta Temprana (CAT), registrar al trabajador en la obra social correspondiente y contar con una póliza de seguro o ART vigente. El trámite se realiza en la Subsecretaría de Trabajo y requiere documentación que detalle las tareas, horarios, certificados médicos y escolares, y la firma de los responsables legales.
Este control no solo protege al adolescente, sino que también ayuda a las empresas a cumplir con la ley y promover un ambiente laboral seguro.
En definitiva, el trabajo adolescente protegido en San Juan es una oportunidad para que los jóvenes comiencen a formarse en el mundo laboral, con la tranquilidad de que sus derechos y educación están garantizados.