Detrás de esta dinámica aparecen factores tanto externos como internos. A nivel internacional, el precio del petróleo continúa presionando al alza en un contexto de conflictos geopolíticos, mientras que a nivel local el esquema de precios más flexible permite a las petroleras aplicar ajustes más frecuentes.
En ese marco, también se profundiza la comparación con países vecinos. Actualmente, cargar combustible en Chile resulta más barato que en Argentina. Por ejemplo, en Viña del Mar, el litro de nafta de 95 octanos ronda el equivalente a $1.865 argentinos, por debajo de los valores locales que ya se acercan o superan los $2.000 en algunas provincias.
En el segmento premium, la diferencia se mantiene, mientras que en el diésel se amplía aún más, con precios considerablemente más bajos del otro lado de la cordillera.
Este escenario responde a un proceso de reacomodamiento de precios que incluye la actualización de impuestos, la devaluación y la decisión de avanzar hacia valores más cercanos a la paridad internacional. A esto se suma un cambio en la estrategia de las petroleras, que comenzaron a aplicar microajustes frecuentes —conocidos como “micropricing”— en función del dólar, la inflación y los costos.
En ese contexto, desde el sector sostienen que el objetivo es evitar aumentos bruscos, aunque en la práctica la suma de ajustes consecutivos ya se hace sentir con fuerza en el consumo cotidiano.