Hay que tratar que la desilusión no nos tape el bosque. Cuando todos esperábamos que la discusión de cómo salir del pozo en el que nos encontramos empezara a tomar forma, el diablo nuevamente metió la cola. Estábamos esperanzando que la cosa venía en serio, pero los últimos acontecimientos protagonizados por nuestra dirigencia nos volvieron a recordar que estamos a punto de hacer gluglú.
Vaya un sentido homenaje al Gordo Montaño que “sin querer queriendo” nos anticipó que seguir insistiendo con las mismas recetas y los mismos artilugios se continúa con el inevitable camino al naufragio.
Hablar sobre el Estado no es joda. La proliferación de memes con relación a los embargos que podría recibir el país por el fallo de la expropiación de YPF es un dato lacerante. Un especialista en mercados regulados está preocupado en que se escondan los activos para poder embargar y que tenga que conformarse con una estadía en un resort en Miami, por supuesto con grupete incluido.
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Para aquel desprevenido, le recordamos que la epopeya nacionalizadora de YPF, el chiste, hoy nos sale tres veces y algunos verdes más del valor de la empresa en el momento que se realizó la expropiación. Obviamente tarde o temprano terminaremos garpando los 16.000 millones de dólares nosotros; los partícipes de la odisea de los giles.
Una más y no jodemos más, el FMI. El elixir de nuestros gobernantes. Para no gastar pólvora en chimango no busquemos el malo de la película afuera; somos nosotros. Nuevamente los giles, perdón si toco la sensibilidad de algún lector. Con la debida salvedad en este caso que la muchachada del Fondo viene de comerse el amague de los dos últimos gobiernos, el del Gato y del Capitán Beto y está más precavida. Le empezaron a rezar al Gauchito Gil para que el gobierno del León no los emboque también.
Vamos a lo que realmente importa, la política. Aunque una y otra vez nos desayunemos con el espectáculo que nuestros legisladores nos mostraron a plena luz del día. Que la ley ómnibus termine en un tren fantasma y “la casta” salve su ropa. Nos preguntábamos esta semana por la existencia de algunos baluartes sentados en las bancas, pero son las reglas del juego democrático. Tragarse algunos sapos son síntomas de que seguimos con vida.
La necesaria discusión sobre la reforma política para poder modernizar y transparentar el sistema político electoral no solo arranca con el tema de la boleta única. Que se esté discutiendo en Senadores el proyecto de Boleta Única de Papel vuelve a ser un avance. Aunque las posibilidades de que se llegue aprobar siguen arrojando las mismas dudas que cuando la Exvicepresidenta ordenó en su momento cajonear el proyecto. Recordemos que el mismo cuenta con la aprobación de la Cámara de Diputados de la Nación hace ya un año y medio.
Hay otros temas relacionados que son importantísimos, como el de ficha limpia. Demos gracias a dios que todavía no hay ningún Chocolate en una banca. Lo sucedido alrededor del escándalo de corrupción que bordea el poder legislativo de la Provincia de Buenos Aires amerita también hablar sobre el financiamiento de la política. Las denuncias por relaciones sospechosas del financiamiento narco con los partidos políticos, jueces caídos en desgracia o con causas pendientes acusados por connivencia, hacen prioritaria su promulgación. Desde luego que se tendrán que abrir negociaciones que permitan sancionar dicha ley y evitar continuar con el juego de las dilaciones o de las indefiniciones en desmedro de la calidad institucional.
El problema no es solo “la lluvia de amparos” ya estamos en puerta de los cincuenta contra el DNU propuesto por el presidente Milei. Esta definición, como lo afirma uno de los popes de la industria del juicio, describe de alguna manera cómo la máquina de impedir es lo que mejor funciona para impedir resolver los problemas desde el Estado.
En realidad, nos muestra con toda crudeza las dificultades a las que nos enfrentamos a la hora de discutir las necesidades, urgencias y posibles soluciones para ofrecerle a la sociedad.
¡Venimos de un fracaso rotundo y vamos a un futuro incierto, pero definitivamente hay que dejar la charlatanería a un costado!