De acuerdo con la investigación, Marcelo Alejandro Flores y otro hombre recorrían el barrio recolectando cartones y restos de comida cuando intentaron sustraer un cable del tendido eléctrico que se encontraba cortado.
Al advertir la situación, el agente federal llamó al 911 para denunciar el intento de robo y luego salió de su vivienda con su arma reglamentaria, una Pietro Beretta calibre 9 milímetros, para perseguir a los sospechosos.
Según la reconstrucción del caso, Flores escapó por calle Medrano en dirección a Gallo, mientras que su acompañante huyó por Baigorria. Durante la persecución, el efectivo efectuó un disparo que impactó en el cuello de Flores.
Aunque el hombre alcanzó a recorrer algunos metros más, finalmente cayó sobre calle Baigorria. La investigación determinó que, una vez herido, el gendarme lo redujo colocándole los brazos detrás de la espalda y volvió a comunicarse con el servicio de emergencias para solicitar una ambulancia. Cuando el personal médico llegó al lugar, la víctima ya había fallecido.
La postura de la defensa
Durante el debate oral, el abogado defensor Carlos Varela sostuvo que su asistido actuó en cumplimiento de su deber y planteó que el hecho debía ser considerado como un caso de legítima defensa o, en su defecto, un exceso en la legítima defensa.
El letrado destacó que el agente colaboró con la investigación desde el primer momento y remarcó que fue él quien dio aviso al 911 antes de salir de su vivienda y quien posteriormente pidió asistencia médica para el hombre herido.
Pese a esos argumentos, el tribunal descartó la hipótesis de la legítima defensa y resolvió condenar al sanjuanino a 13 años de prisión efectiva, una pena superior a la solicitada por la Fiscalía y muy inferior a la requerida por la querella.
FUENTE: con información de Infobae