Irak no tardó en responder. A los 38 minutos, una buena acción colectiva terminó con un centro de Amir Al-Ammari que encontró la cabeza de Aymen Hussein, quien marcó el empate y alimentó la ilusión de los asiáticos.
Pero la igualdad duró poco. Apenas cuatro minutos después, una salida defectuosa desde el fondo terminó convirtiéndose en un regalo para Haaland. El goleador presionó al arquero Jalal Hachim, bloqueó el despeje y vio cómo la pelota terminaba dentro del arco para el 2-1 antes del descanso.
En el complemento, Irak intentó mantenerse en partido y generó algunas aproximaciones, pero comenzó a sentir el desgaste físico ante un rival que manejó mejor los tiempos. Martin Odegaard administrando la pelota y Haaland absorbiendo marcas, Noruega fue inclinando lentamente la cancha hasta liquidar el encuentro en el tramo final.
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A los 31 minutos del segundo tiempo, un córner ejecutado por Odegaard encontró la aparición de Leo Østigård, que ganó en el área y conectó un cabezazo impecable para ampliar la ventaja. A partir de allí, el encuentro quedó prácticamente sentenciado. Irak perdió intensidad y Noruega aprovechó cada espacio para seguir lastimando.
Ya en tiempo de descuento llegó el golpe definitivo. Haaland volvió a ser protagonista al bajar de cabeza una pelota dentro del área y generar una acción que terminó en el 4-1 definitivo, entre la intervención de Kristian Thorstvedt y un desafortunado desvío de Aymen Hussein.
Más allá de la goleada, el dato que sobresale vuelve a tener nombre propio. Haaland marcó dos goles y fue la figura de una selección que combina potencia física, talento y experiencia internacional.
Con este resultado, Noruega se ubica como líder del Grupo I y lanza un mensaje al resto de los candidatos: el equipo de Ståle Solbakken llegó al Mundial dispuesto a competir de igual a igual con cualquiera.