Petróleo, poder y transición: el plan de Trump tras la captura de Maduro
Tras la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump anunció que Venezuela entregará hasta 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos. El plan reabre el debate sobre el rol estratégico del crudo venezolano, las sanciones y el futuro económico del país caribeño.
Tres días después de la ofensiva que derivó en la captura de Nicolás Maduro, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este martes un acuerdo mediante el cual Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad a su país. Según afirmó, el crudo será comercializado a precio de mercado y las ganancias quedarán bajo su control para ser destinadas “en beneficio del pueblo de Venezuela y de los Estados Unidos”.
El anuncio fue realizado a través de la red Truth Social, donde Trump aseguró haber ordenado al secretario de Energía, Chris Wright, que ejecute el plan “de inmediato”. De acuerdo con su mensaje, el petróleo será trasladado en buques de almacenamiento y descargado directamente en puertos estadounidenses.
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La decisión se conoció en paralelo al inicio de conversaciones entre funcionarios de ambos países para reactivar y ampliar las exportaciones de crudo venezolano hacia refinerías norteamericanas. Venezuela acumula millones de barriles almacenados, consecuencia directa de las sanciones aplicadas por Estados Unidos en los últimos meses, que limitaron su capacidad de exportación.
Desde Washington, funcionarios señalaron que, bajo determinadas condiciones, Venezuela podría incrementar su producción en el corto plazo. El secretario del Interior, Doug Burgum, sostuvo que una de las claves sería flexibilizar sanciones que hasta ahora impidieron al país acceder a tecnología de última generación. “Algunas de estas cosas podrían hacerse muy rápidamente”, afirmó en declaraciones a Fox Business Network.
En ese escenario, la petrolera Chevron confirmó que reforzará su presencia en el país caribeño y que once buques ya navegan hacia costas venezolanas. En un comunicado, la empresa remarcó que continúa operando “en total cumplimiento con las leyes y regulaciones vigentes”, priorizando la seguridad de su personal y de sus activos.
El peso del petróleo en la transición
El trasfondo de la decisión está marcado por el enorme potencial energético de Venezuela. El país posee más del 17% de las reservas probadas de petróleo del mundo, unas 300.000 millones de barriles, superando a Arabia Saudita, Rusia y Estados Unidos. Sin embargo, actualmente produce y comercializa apenas alrededor del 1% del crudo que consume el planeta.
Analistas coinciden en que el petróleo es una pieza central en la estrategia de Estados Unidos tras la detención de Maduro. Trump afirmó que su gobierno encabezará una transición política en Venezuela, con la explotación del crudo como uno de los ejes económicos principales.
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Años de sanciones estadounidenses redujeron drásticamente la producción venezolana, a lo que se suma la complejidad técnica de extraer su crudo extrapesado. El vínculo energético entre ambos países se rompió en 2019, cuando el primer gobierno de Trump sancionó a la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Si bien los envíos se retomaron parcialmente en 2023, los volúmenes se mantuvieron bajos y gran parte del petróleo comenzó a fluir hacia China.
Empresas, intereses y cautela
Actualmente, solo un puñado de petroleras occidentales sigue operando en Venezuela, entre ellas Chevron, la italiana Eni y la española Repsol. Chevron es la más relevante: produce cerca de una cuarta parte del petróleo venezolano y mantiene presencia en el país desde hace más de un siglo.
Sus operaciones representan un alivio financiero para Venezuela y permiten que parte del crudo continúe llegando a refinerías del Golfo de México, donde se transforma en combustibles como gasolina y gasoil. “Jugamos a largo plazo”, afirmó recientemente el CEO de Chevron, Mike Wirth, al señalar que la compañía busca estar presente en una eventual reconstrucción de la economía venezolana cuando cambien las condiciones políticas y económicas.
El nuevo escenario abre interrogantes sobre el destino de los recursos, el alcance real del control estadounidense sobre los ingresos y el impacto que estas medidas podrían tener tanto en la recuperación productiva de Venezuela como en el mercado energético global.