Ola de frío en Rusia: temperaturas de hasta -55 °C y nieve que alcanza siete pisos
Una ola de frío excepcional golpea a Rusia con temperaturas de hasta -55°C, nevadas históricas y servicios colapsados. El fenómeno afecta a Siberia, Moscú y regiones del Pacífico, y mantiene en alerta a millones de personas.
Rusia atraviesa una de las olas de frío más intensas de las últimas décadas, con temperaturas que llegaron hasta los -55 grados en algunas regiones y se mantienen entre 7 y 20 grados por debajo de los valores habituales para esta época del año. El fenómeno, de carácter excepcional, se extiende desde Siberia hasta la Rusia europea y genera un fuerte impacto en la vida cotidiana.
De acuerdo con el Centro Hidrometeorológico ruso, la situación responde a una masa de alta presión persistente que favorece el ingreso de aire seco y extremadamente frío. Este bloqueo atmosférico dificulta la normalización del clima y prolonga las condiciones extremas, lo que llevó a emitir alertas generalizadas en vastas zonas del país.
Las condiciones más severas se registraron en el sur de Siberia, donde provincias como Tomsk, Kemerovo, Novosibirsk e Irkutsk marcaron mínimas de hasta -53°C. En Krasnoyarsk central y el norte de Yakutia, los termómetros descendieron aún más y alcanzaron los -55°C, cifras consideradas críticas para la actividad humana.
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Estas temperaturas extremas generaron riesgos severos en el suministro eléctrico, los sistemas de calefacción y la circulación, además de obligar a restringir desplazamientos y actividades al aire libre.
Moscú y la Rusia europea, también bajo alerta
La ola polar no se limitó a las regiones más inhóspitas. En Moscú y gran parte de la Rusia europea se esperan mínimas cercanas a los -22°C, con descensos puntuales de hasta -26°C durante la noche. Ciudades como Samara, Kazán y Penza podrían rozar los -25°C, con advertencias por posibles cortes de servicios básicos y complicaciones en el transporte.
Urales y apagones
En los Urales, zonas como Kurgán registraron temperaturas próximas a los -40°C. Ante este escenario, el Ministerio de Situaciones de Emergencia desplegó campamentos móviles, vehículos especiales y equipos de rescate. En áreas rurales de Cheliábinsk, los apagones forzaron la apertura de refugios temporales en escuelas, mientras que en algunas localidades los cortes se extendieron por casi un día.
Kamchatka, sepultada por la nieve
A este panorama se sumó una situación crítica en la península de Kamchatka, en el extremo oriental del país, donde se produjo la mayor nevada en al menos seis décadas. En enero cayeron más de 2 metros de nieve, que se sumaron a casi 4 metros acumulados en diciembre, dejando ciudades parcialmente sepultadas.
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La capital regional, Petropávlovsk-Kamchatski, fue una de las más afectadas: autos enterrados, accesos bloqueados y vecinos obligados a salir por ventanas o a cavar túneles improvisados. Las autoridades mantienen el estado de emergencia, con escuelas cerradas, comercios funcionando a distancia y problemas de desabastecimiento de productos básicos.
El peso de la nieve acumulada provocó daños estructurales y la muerte de al menos dos personas, aplastadas por desprendimientos desde los techos. Los servicios de emergencia trabajan de manera continua, aunque las condiciones meteorológicas dificultan las tareas de limpieza.
Un fenómeno climático excepcional
Especialistas coinciden en que la magnitud del evento responde a la combinación de aire polar extremo, humedad proveniente del Pacífico y la geografía montañosa de algunas regiones, que favorece la acumulación de nieve. Los registros actuales son comparables solo con episodios ocurridos hace más de medio siglo, lo que refuerza el carácter extraordinario de esta ola de frío.