El juicio dejó al descubierto una cadena de irregularidades que costaron una vida. Lo que debía ser una cirugía controlada se transformó en una tragedia cuando el anestesiólogo decidió priorizar su dispositivo móvil por sobre el monitoreo del paciente.
El celular como distracción: se probó que el médico estuvo pendiente de su teléfono durante la operación. Abandono de puesto: en el momento más crítico, salió del quirófano para buscar un cargador, dejando al niño de 4 años sin supervisión técnica.
Falta de reacción: cuando los signos vitales de Valentín colapsaron, la alerta llegó tarde. A pesar de que otros profesionales intentaron reanimarlo, el tiempo perdido por la desatención de Atencio Krause resultó irreversible.
El impacto en la comunidad
La fiscalía y la querella habían hecho hincapié en el daño social. Valentín no era solo un paciente; era un niño que dejó un vacío inmenso en su familia y en su jardín de infantes. El fiscal del caso remarcó que la conducta del imputado fue de una "indiferencia alarmante", centrada más en su comodidad personal que en el juramento hipocrático.
Por su parte, la defensa había intentado suavizar la pena alegando que el médico estaba "afectado anímicamente" por el proceso, un argumento que no logró evitar la inhabilitación máxima, pero que contribuyó a que la pena de prisión no fuera de cumplimiento efectivo.
Con esta resolución, la causa queda cerrada en primera instancia, dejando un precedente oscuro sobre los riesgos del uso de la tecnología en áreas de alta complejidad médica.