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La campaña política pareciera que terminó antes de tiempo. Y no fue porque no estuvo entretenida. Tuvo sus momentos desopilantes, un candidato presidencial por solo 24hs, unos actores secundarios que hicieron lo que pudieron hasta que las primarias les picó el boleto, aunque aportaron lo suyo. Guillote Moreno con peronómetro en mano paseándose por los canales de televisión fueron momentos inolvidables. No se puede nombrar a todos por cuestiones de espacio, pero no podemos dejar de mencionar el caso del único candidato a intendente en una localidad de Chubut que perdió contra el voto en blanco. Sacó cero votos, como decimos en el barrio no lo votó ni la familia.

O el caso del Partido Unión Del Centro Democrático que lideran Passamonti & Fernández que obtuvieron 11.982 votos, las pasaronti fenómeno y se embolsaron $23.214.285,71, unos cracks.

Sin herir susceptibilidades las primarias estuvieron medio berreta. En algunos casos bizarrismo al palo. Candidatos tirando verdura todo el tiempo, de economía que es lo que nosotros los giles esperábamos escuchar para saber a qué atenernos, sabor a poco. Sobredosis de dolarización sí, dolarización no, explotamos todo o seguimos con la guitarra y así arrancamos octubre. Solo a esperar que después no nos madruguen, estos muchachos quien más, quien menos le toma la leche al gato.

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Lo bueno es que están las encuestas que nos entretienen bastante. Hay para todos los paladares y bolsillos. Ya sabemos que son un engaña pichangas, con las primarias nos quedamos escaldados, pero por lo menos nos ayudan a llevar el mal trago.

Una mañana de domingo placentera a las orillas del Nordelta, mate en mano, la esperanza blanca de la nueva franquicia golpeó con un puño la mesa y se despachó: “el que va a mandar en esta casa, soy yo”. Si le faltaba algún ingrediente más a las vicisitudes del dúo Kirchneperonista chúpate esta mandarina. Se viene un futuro para alquilar balcones estimados Cumpas.

Si hay algo que no se escapa al ministro-candidato es jugar con el conocimiento intrínseco que tiene sobre “la casta”. Sabía de antemano que el desdoblamiento de las elecciones provinciales eran una demostración de un estado de descomposición interna en que los caudillos territoriales se desentenderían del destino nacional. ¿Por qué no lo iban hacer con el candidato? Massa empezó a volcar una gran millonada de razones. Y después hizo sentir el eje que tiene con Cristina, donde pasa el centro de las decisiones, final feliz. Todos y todas terminaron ordenándose detrás de su candidatura.

Para ser sinceros el que siempre la tuvo más clara por donde tenía que transitar la campaña fue Massa. Hizo cosas en un mes que Alberto no se atrevió hacer en cuatro

años. Aunque la gente no entienda bien si todo este arsenal de medidas que ha venido lanzando a la larga lo beneficie o no, ha tenido reacción. Su candidatura es competitiva. Ahora solo hay lugar para intentar todo el tiempo capturar el clásico voto peronista para llegar al balotaje y después ver qué pasa.

La próxima gestión se enfrentará con un escenario de impaciencias. Aún pensando en el caso de que lo encuentre triunfador existen algunas incógnitas no tan sencillas de descifrar. Uno es el ordenamiento de un tablero político fragmentado que resultara de la elección. Otro el funcionamiento en el Congreso con las diversas figuras que compartirán bancada y por último la convivencia con los gobernadores en este nuevo mapa de poder.

Si Massa gana, primero sería algo inédito por su doble condición e integrante de un gobierno que termina agarrándose de las cuerdas. Segundo sorprendente, convenció al peronismo que trabajase para él y por último por que sus rivales fueron débiles.

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