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Perdió a su hija, su yerno y su nieta, y pidió perdón al otro conductor

Gerardo Pont viajó desde España tras perder a su hija, su yerno y su nieta en la Ruta 20. En la marcha de Caucete eligió el perdón y pidió disculpas al conductor del otro vehículo.

Hay palabras que detienen el tiempo. Que en medio del dolor más profundo logran decir algo que nadie esperaba escuchar. Eso fue lo que ocurrió ayer en Caucete, cuando Gerardo Pont, un hombre que viajó desde España para despedir a su hija, su yerno y su nieta, se paró frente a la multitud y eligió el perdón.

"No he venido a hacer justicia, no soy un justiciero", dijo. Y entonces vino la frase que dejó a todos sin palabras: "Le pido perdón al señor Núñez porque por una imprudencia de tres segundos parte de mi familia falleció, y él también podría haber fallecido."

Núñez es el conductor del Audi TT rojo contra el que chocó el Renault Logan donde viajaban Valeria del Valle Pont, su pareja Matías Osola y la pequeña hija de ambos, que en abril iba a cumplir un año. Los tres murieron. Núñez sufrió lesiones menores y fue dado de alta horas después del impacto.

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Para Gerardo Pont, ese hombre no es un enemigo. Es alguien que estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Y esa mirada, viniendo de quien viene, es difícil de procesar.

El llamado desde el otro lado del mundo

Pont es caucetero. Hace veinte años se radicó en España, construyó su vida allá, y desde allá recibió la noticia que ningún padre debería recibir jamás. El sábado 21 de marzo, alrededor de las 19:30, en la Ruta 20 a unos 500 metros al este de calle Caico, en el departamento de 9 de Julio, el Renault Logan en el que viajaba su familia intentó sobrepasar a un camión por el carril izquierdo e invadió el carril contrario. El choque frontal con el Audi TT fue devastador.

Matías Osola, Valeria Pont y su bebé no sobrevivieron. Una familia de tres, borrada en segundos. Pont tomó el primer vuelo que pudo. Cruzó el Atlántico cargando un dolor que no tiene nombre, y cuando llegó a San Juan no buscó cámaras ni tribunales. Buscó a su gente, y encabezó una marcha.

La marcha y el petitorio

La movilización se desarrolló en Caucete y llegó hasta inmediaciones de la Ruta 20. Junto a integrantes de la Asociación Familias del Dolor y la Esperanza, una organización que nuclea a familias que perdieron seres queridos en siniestros viales, los presentes reclamaron a las autoridades la construcción de una doble vía en esa traza, una de las más peligrosas de la provincia.

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Pont fue claro en su mensaje: el dolor no puede quedarse en dolor. Tiene que convertirse en acción. Hizo hincapié en la necesidad de impulsar medidas concretas para evitar nuevas tragedias. La Ruta 20 lleva años siendo señalada por su peligrosidad, y este accidente volvió a poner el tema sobre la mesa de la manera más trágica posible.

Una reflexión que va más allá del accidente

Lo que Pont dejó en Caucete no fue solo un testimonio de dolor. Fue una lección sobre cómo mirar la tragedia sin dejarse consumir por el odio. Su pedido de perdón a Núñez no es ingenuidad ni resignación: es la decisión consciente de un hombre que entiende que culpar no devuelve a los muertos, pero que actuar sí puede salvar vidas.

"Por una imprudencia de tres segundos parte de mi familia falleció", repitió. Tres segundos. Una maniobra. Una vida entera que no vuelve.

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El conductor del Audi, Gabriel Núñez, de 26 años, quedó vinculado a la investigación judicial que lleva adelante la UFI de Delitos Especiales, aunque fue liberado tras recibir el alta médica. La causa sigue su curso.

Mientras tanto, Gerardo Pont volvió a Caucete a enterrar a su hija, a su yerno y a una niña que no llegó a cumplir su primer año de vida. Y antes de hacerlo, le regaló a San Juan una frase que va a costar olvidar.