Además, Ortega valoró el apoyo del personal universitario: “Estamos muy contenidos. La UNSJ nos acompaña permanentemente y eso hace posible cada campamento”.
El equipo docente también cumple un rol clave. En el grupo de 9 años participan cuatro profesores/as y un contingente de monitores/as; en Deporte Aventura, dos docentes, cuatro monitores/as y el propio coordinador supervisan el desarrollo de las actividades.
Entusiasmo, descubrimiento y primeras carpas
María Paz Méndez, de 9 años e integrante del Grupo 6, vive su primera experiencia de campamento con la emoción propia de su edad.
Organizó su mochila siguiendo una lista “escrita en un cuaderno” y recordó el primer desafío: armar una carpa. “Nos costó mucho. Tenés que poner las varillas, engancharlas, levantarla. Es difícil”, contó la niña.
Entre sus actividades favoritas, mencionó la pileta, pintarse, disfrazarse y el famoso “sanguchazo”, una tradición del grupo.
Lo que más la entusiasma del campamento es simple y contundente: “Hacer muchos juegos y meterme a la pileta”, dijo María Paz.
La voz de la adolescencia: amistad, fogón y valores
El testimonio de Gonzalo Duarte y Lucas González, del Grupo 11 de Deporte Aventura, resume a la perfección el espíritu de estos campamentos. Ambos participan de la colonia desde pequeños, y hoy, ya adolescentes, siguen encontrando en la UNSJ un espacio de crecimiento.
Apenas llegaron a Ullúm, organizaron las carpas, la comida y participaron en un juego de búsqueda de pistas que definió los equipos para competir. Pero lo que más destacan es la convivencia nocturna: “La noche fue muy linda. Hubo juegos, risas. La pasamos muy bien”, relató Gonzalo.
La continuidad de ambos en la colonia tiene una explicación emocional: “Venimos desde los seis años. Es hermoso seguir conociendo gente y compartir tantas cosas”, dijo Lucas. “Con el paso del tiempo el grupo cambia y siempre llegan nuevas amistades”, aclaró.
El momento más significativo para ellos es el fogón. “Es lo más lindo y emotivo. Ahí podés llorar, expresarte, decir todo sin que nadie te juzgue. Es imposible no llorar”, aseguraron.
En ese círculo de fuego, leen cartas de sus familias, hablan de experiencias personales y escuchan a sus compañeros/as. “Te da valores, compañerismo y te enseña a aceptar la diversidad”, agregó Gonzalo.
Ambos coincidieron en que estas vivencias son fundamentales en la adolescencia. “Aprendés a convivir, a salir de la comodidad de tu casa, a valorar la naturaleza y a compartir con otros”, reflexionaron los adolescentes.