Mientras los vecinos aguardaban la llegada de la imagen sagrada, la vigilia musical organizada por el Ministerio de la Música aportó un clima de reflexión y espiritualidad. Canciones religiosas acompañaron una velada que, pese a las bajas temperaturas, estuvo marcada por el calor humano y la participación comunitaria.
Cuando el reloj marcó las 21.30, las llamas comenzaron a elevarse en el cielo sanjuanino. Entonces llegó el instante más emotivo de la celebración: la quema de intenciones. Niños, jóvenes y adultos depositaron en el fuego pequeños papeles donde habían escrito preocupaciones, tristezas, angustias y deseos que buscaban dejar atrás. Otros aprovecharon la ocasión para pedir salud, trabajo, unión familiar y prosperidad.
Las llamas consumieron cada mensaje en un ritual ancestral que simbolizó la renovación espiritual y la esperanza de tiempos mejores. Muchos observaron el fuego en silencio, mientras otros compartieron abrazos y palabras de aliento en una ceremonia que volvió a demostrar la vigencia de una de las tradiciones más queridas por los sanjuaninos.
Para acompañar la celebración, la Municipalidad de la Capital distribuyó mate cocido caliente y sopaipillas entre los asistentes, gestos que ayudaron a combatir el frío de la noche y reforzaron el espíritu de encuentro que caracterizó la jornada.
Así, entre oraciones, música y el resplandor de la fogata, San Juan volvió a rendir homenaje a su patrono. Una vez más, la tradición unió a la comunidad alrededor del fuego, donde se quemaron los pesares y se encendieron nuevas esperanzas.