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De los 180 chicos en residencias, 90 esperan ser adoptados por una familia

Unos 180 niños viven bajo el resguardo de la Dirección de Niñez y Adolescencia. Aunque la mitad de ellos ya está legalmente habilitado para ser adoptado, el proceso exige el agotamiento de redes biológicas y la preparación emocional.

Para la gran mayoría de los niños, la infancia transcurre entre el calor del hogar, la escuela y el juego en familia. Sin embargo, para 180 chicos sanjuaninos la cotidianeidad se construye dentro de las 19 residencias estatales dependientes de la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia. Aunque la cifra impacta, el dato más revelador que surge del área es que solo 90 de ellos —exactamente la mitad— están hoy en situación legal de adoptabilidad.

Llegar a la instancia de adopción no es un paso automático ni inmediato tras el retiro de un niño de su hogar. La ley exige que la residencia sea la última alternativa, después de agotar las posibilidades de contención en la red familiar extensa, como abuelos, tíos o referentes afectivos. “Antes de un ingreso a residencia, el equipo intenta agotar el seno familiar”, explicó Verónica Orozco, secretaria Técnica Social de la repartición. Además, hay un factor determinante: la preparación del propio chico. “No podemos ponerle la condición de adoptabilidad si el niño no está preparado todavía”, remarcó la funcionaria sobre el proceso psicológico que exige aceptar una nueva vida.

Las razones que impulsan la intervención estatal están atravesadas por graves vulneraciones de derechos: desde violencia y presuntos abusos, hasta negligencia en vacunación y escolarización. Pero en el último tiempo se consolidó una realidad crítica: el ingreso de recién nacidos desde los hospitales. Raquel Trincado, directora de Niñez, confirmó la complejidad de estos casos: “Son todos por cocaína en sangre, los ingresos que tenemos de bebés”. Son situaciones donde las madres consumieron durante el embarazo y los equipos deben aguardar la estabilización médica de la criatura mientras evalúan si existe algún familiar apto para asumir la crianza.

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La vida en la residencia combina la contención profesional con el sostén cotidiano. Los chicos están escolarizados —con frecuencia deben cambiar de establecimiento para resguardar su identidad— y realizan actividades deportivas y recreativas como trekking, básquet o participaciones en los Boy Scouts. En el área de salud, la complejidad es alta: todos cuentan con Obra Social Provincia y en uno de los centros hay seis niños con cuadros severos, como parálisis cerebral y alimentación por botón gástrico.

Pese a las heridas del pasado, el apego biológico persiste. “Siempre los niños piden volver con su mamá, siempre, con su familia, con quien estuvo, con quien le vulneró los derechos”, reveló Orozco sobre el silencioso duelo que acompañan los psicólogos. Con siete adopciones logradas en lo que va del año y ocho concretadas en 2025, el Estado busca que el paso por las residencias sea solo un puente transitorio hacia un entorno seguro. Para 90 chicos de San Juan, ese puente aún espera transformarse en el abrazo definitivo de una nueva familia.