62 años juntos: Carmen y Daniel, un amor que invita a pensar los vínculos
En el Día de los Enamorados, la historia de Carmen Basso y Daniel Rattá nos invita a pensar el amor más allá del romanticismo. Su vínculo se sostuvo en el tiempo con esfuerzo, cuidado y decisiones compartidas.
Carmen Basso tiene 82 años y Daniel Rattá, 88. Se conocieron hace 62 años, en un baile de carnaval en la Casa España, cuando las formas de vincularse eran muy distintas a las actuales. Ella era la única hija mujer y estaba muy cuidada por su familia.
“Yo decía que no iba a bailar con un hombre más bajo que yo. No solo bailé, sino que me casé”, recuerda. El noviazgo fue breve y atravesado por una pérdida profunda: Carmen tenía 18 años cuando falleció su mamá. A los seis meses de ese momento difícil, decidió seguir adelante con Daniel. En esa época no existían demasiadas opciones: o se casaban o se separaban. Daniel trabajaba mucho repartiendo fiambres y tenía muchos clientes. Las visitas estaban marcadas por horarios estrictos y siempre dentro de la casa familiar, bajo la mirada atenta del padre de Carmen.
Finalmente se casaron en la Iglesia de La Merced y se fueron de luna de miel a Córdoba. Al regresar, Carmen asumió el rol de ama de casa y, con el tiempo, llegaron los hijos. Primero Laura María, luego Silvia Beatriz y, once años después, su hijo Daniel Aníbal. Hoy la familia creció: tres hijos, nueve nietos y cinco bisnietos.
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Durante muchos años trabajaron juntos en un gran negocio de ramos generales, similar a los autoservicios actuales. Vendían de todo: comestibles, bazar y artículos de regalo. El trabajo fue intenso, pero también fue la base de una vida construida con esfuerzo.
Con el paso del tiempo llegaron los achaques. Daniel arrastra desde hace diez años un problema en el nervio ciático y Carmen tiene dificultades en las rodillas. Aun así, siguen activos. Viven hace 40 años en el barrio Camus, en Rivadavia y asisten a las clases de gimnasia, caminan despacio y participan de actividades impulsadas por la unión vecinal. “Estamos contentos y felices de la vida, rodeados de buena gente”, dice Carmen a sanjuan8.com.
Ella también reflexiona sobre el lugar de la mujer y los cambios sociales. Fue profesora de piano desde muy joven, pero no pudo desarrollarse profesionalmente como hubiera querido. “Hoy las mujeres tienen más posibilidades. Mis nietas trabajan, viven su vida y no aceptan que las dominen”, afirma, convencida de que esos cambios son necesarios.
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Sobre el amor, Carmen es clara: no fue ideal ni perfecto. “Daniel no es cariñoso, pero me demuestra su amor en cuidarme para que no me caiga. Yo soy más acelerada y él me enseña a ir de a poco”. Aprendieron a aceptarse, a respetar los tiempos del otro y a sostenerse incluso cuando no fue fácil.
En tiempos donde el amor parece frágil y descartable, la historia de Carmen y Daniel recuerda que algunos vínculos no se construyen desde la perfección, sino desde la constancia. Elegirse, día tras día, también es una forma de amar.