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Netflix prepara el estreno de "El cuaderno de Tomy"

Una producción argentina que te hará llorar. El cuaderno de Tomy, calificada por la crítico como una muy buena película.

Preparen los pañuelos, aún aquellos que dicen no tener la lágrima fácil. Netflix prepara un film imperdible: El cuaderno de Tomy es una película sensible, no sensiblera, acerca de una madre, una esposa, una amiga, cuyo cáncer ha hecho metástasis.

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Alguien que desde su cama en la clínica decide escribirle a su hijito un cuaderno en el que pone recomendaciones, no en enseñanzas, y anécdotas, como un legado u ofrenda para cuando él pueda leer.

No es lo mismo vulnerabilidad que debilidad. Aceptar lo que lo aqueja es una cuestión de fortaleza.

La película -que como no tenía previsto su estreno en cines, no entra en consideración para ser la argentina enviada al Oscar, la que se conocerá justo el martes, día de su estreno en Netflix- está basada en hechos reales. María Vázquez tuvo un cáncer de ovarios y además del cuaderno para su hijo Nippur, cobró cierta notoriedad al tuitear, desde su habitación, acerca de todo lo que le iba pasando. El cuaderno de Nippur fue publicado a pocos meses de su fallecimiento en 2015, con solo 43 años. Y se transformó rápidamente en un boom editorial.

Algo así como las filmaciones con cámara hogareña que le dejaba Bob (Michael Keaton) a su hijito al enterarse de que iba a morir en Mi vida, la película del guionista de Ghost, Bruce Joel Rubin. En aquel filme de 1993 uno no podía parar de llorar desde que empezaba hasta que terminaba.

La argentina María Vázquez - Marie- era dueña de un sentido del humor muy ácido. Pero ni ella ni el director Carlos Sorín son cínicos. A lo sumo, hacen gala de un sarcasmo, que en el caso del realizador de La película del rey, Historias mínimas y el falso documental La era del ñandú siempre supo manejar.

Y Sorín es de los pocos directores de su generación -La película del rey, premiada en Venecia en 1986, fue su opera prima a los 41 años- que ha sabido mantener su mirada fresca. Cuando muchos eligen el camino más fácil, él continúa jugando, experimentando con el espectador.

Por lo que es fácil pensar que el director de Joel era el más indicado para llevar al cine -o a Netflix, bah- la historia de Marie, sus temores contados de manera directa y honesta, como era ella.

Nada de “una penosa y larga enfermedad”. Los dedos de Marie eran tan filosos en Twitter como su lengua cuando hablaba con el grupo de amigas que la visitaban en la clínica donde no quedaba otra que darle cuidados paliativos, ya que el cáncer se había expandido tanto que no era posible ningún tratamiento.

Casi rodada en una sola locación -el cuarto en la clínica-, la película se centra en Marie y quienes la rodean, y la apoyan como sea o como les salga, incluido su hijito. La cámara se posa sobre Valeria Bertuccelli, que luce rapada y mucho más delgada, pero que en su transformación no ha perdido un gramo de talento.

Seguramente es el papel más difícil que le ha tocado interpretar a la actriz de Un novio para mi mujer y Escenas de la vida conyugal, y es claramente un puntal, el sostén de la película.

Porque también la película aborda temas sensibles, y abre la polémica sobre la determinación de Marie de, llegado un punto, decidir sobre su cuerpo y su vida. La sedación final, la eutanasia, no es para hacer chistes.

A Sorín le encanta trabajar con no actores, y si bien en El cuaderno de Tomy reunió un elenco de notables -Esteban Lamothe es el marido; Mauricio Dayub, el médico; Malena Pichot, su mejor amiga; Ana Katz y Paola Barrientos, entre muchos- era imposible que le diera el rol del hijito a un niño con experiencia. Y es Julián Sorín, su nieto, quien se abraza a Bertuccelli, juega y se duerme en sus brazos.

FUENTE: Clarín