Mientras tanto, según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, las tropas terrestres israelíes mantienen su presencia dentro de una denominada "línea amarilla", un corredor de seguridad donde prohíben estrictamente el retorno de los residentes libaneses desplazados.
La tregua, que había generado una breve esperanza de alivio tras semanas de una invasión que dejó más de 2.500 muertos en Líbano, se muestra cada vez más precaria. Las autoridades libanesas y expertos de la ONU han denunciado que estas incursiones constantes en áreas civiles constituyen violaciones a la soberanía y a los principios de proporcionalidad, mientras que Israel sostiene que solo responde a provocaciones de la milicia chií. En este escenario, el ejército libanés ha instado a la población a "esperar antes de regresar" a sus hogares en el sur, ante el riesgo de quedar atrapados en el fuego cruzado de un conflicto que no logra estabilizarse.
Este nuevo episodio de violencia ocurre en un contexto regional convulsionado, marcado también por el reciente atentado contra Donald Trump en Washington y los esfuerzos de mediadores internacionales para evitar que la guerra se extienda hacia un enfrentamiento directo entre Irán e Israel.
Por ahora, el sur del Líbano permanece en un estado de "paz armada" donde las órdenes de evacuación y los estruendos de los misiles siguen siendo la norma para miles de familias que no pueden volver a la normalidad.