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¿Y si hablamos de "apagón sexual"?

Qué significa la denominación "apagón sexual" y por qué se produce en el sexo cotidiano. La idea de orgasmo y el derecho a sentir placer, entre mezquindades.

En un encuentro sexual tenemos que decir lo que nos gusta y lo que no. Es así. Puede ser que no sepamos cómo hacerlo, no estemos acostumbrados, que nunca nos hayan enseñado a poder decir de qué manera nos gustaría disfrutar o gozar más o que nos de vergüenza. Incluso podemos no saber cómo decirlo ni insinuarlo para “no quedar o caer mal”. Sin embargo, debemos saber que obtener placer es nuestro derecho, al igual que disfrutar de nuestro orgasmo.

Lo que sucede es que, si no lo decimos ni buscamos la manera de comunicarlo, la otra persona no va a enterarse porque en la cama no existen adivinanzas ni caminos preestablecidos. ¿Quién no estuvo con una persona que le “movía todo” y que después en la intimidad sucedían cosas que no le terminaban de cerrar o lo sacaban de clima y no sumaban? Todos somos diferentes y funcionamos de manera diferente con cada pareja sexual. Hay muchas maneras de lograr comunicarnos con nuestra pareja y tener sexo sentido. Por eso es clave abrirse a este mundo de pedir lo que nos gusta.

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Florencia Salort, médica ginecóloga, sexóloga y coordinadora de Extensión Universitaria del servicio de Ginecología del Instituto Universitario del Hospital Italiano revela algunos aspectos fundamentales que debemos tener en cuenta para que ciertos “detalles” o acciones en un encuentro íntimo tengan sentido.

“En pleno siglo XXI, el de la comunicación total, del gran ‘destape’, todavía nos da vergüenza sentir placer, gozarlo, pedirlo, permitírnoslo y festejarlo. Quizás nos cuesta simplemente decir, pedir y escuchar lo que queremos de nuestra boca por nuestra propia represión. A muchos nos da pudor pedir y no nos sentimos habilitados para hacerlo, ni siquiera en nuestra conversación interna. Necesitamos sentirnos libres de decir los ‘no’, pero también los ‘sí’ antes, durante y después del sexo”, advirtió la especialista en diálogo con este medio.

Los 4 fantásticos

Nada ni nadie puede decirnos ni afirmarnos qué es bueno o malo hacer mientras tenemos sexo. No hay libro en el mundo que diga qué hace un buen amante. Cada uno elige lo que le gusta, los “sí” y los “no”. Hasta dónde y con quién. Con ella sí, con él no. Con el otro por ahí, o con nadie jamás. Y todo está bien y es normal.

“Hay que aprender a decir que no. Sin miedos, sin prejuicios y sin tabúes. También es importante escuchar al otro, para saber qué le gusta y por qué. Hay maneras de llegar a un consenso de lo que le gusta a ambos miembros de una pareja sin llegar a realizar cosas que no se desean. La premisa es: ‘Lo que quieras, cuando quieras, con quien quieras, donde quieras’”, subrayó Salort.

Y agregó: ”La idea es tener estos cuatro aspectos en cuenta para conocernos y conocer a nuestra pareja sexual. También para poder comunicar, disfrutar y compartir los gustos propios y ajenos. El fin de esto es lograr que en el momento del encuentro sexual ‘todo fluya’”.

1. Primero, es necesario conocer lo que nos gusta.

2. Ten en cuenta que la otra persona no tiene por qué saber lo que te gusta. Que haya chispas cuando están cerca no quiere decir que el encuentro sexual sea bueno para ambas partes por arte de magia.

3. Si no decimos de algún modo lo que nos gusta o no preguntamos, vamos a perder siempre.

4. La idea es descubrir también lo que le gusta a el otro y no solo hacer lo que nos gusta o nos sale bien. Me refiero a pensar en repetir lo que fue perfecto con otra pareja porque entonces seguro funciona. ¡Error!

“Hay parejas que están años, incluso décadas juntos, y nunca jamás se animaron a decirle al otro sus gustos, sus preferencias, qué conductas no les gustan para nada o qué amarían que les hagan sexualmente. Simplemente, de eso no se habla. Es un tema tabú”, manifestó Salort. Y continuó: “No hay forma de que la otra persona pueda saber lo que nos gusta si nosotros lo callamos. ¿Cómo va a mejorar si no sabe qué nos excita o cómo queremos que nos toque? Es necesario prestar atención y conocer nuestros ritmos, la frecuencia que nos gusta, los tiempos y los modos. Si nos excita que nos aprieten, que nos rocen, que nos acaricien de manera fogosa, que nos rocen de forma casi imperceptible, con la mano, con el dedo, con el pie, con un vibrador, con una pluma, etc. Las opciones son interminables”.

También es cierto que podemos insinuar lo que nos gusta sin siquiera hablar. Una manera de decir sin palabras es guiar a la otra persona con el cuerpo o simplemente agarrarle la mano, llevársela a donde queremos y movérsela como nos gustaría que lo haga. También, podemos decirlo con palabras en el medio del acto sexual, sin dar vueltas. “Es fundamental tener en mente es que no se puede culpar a la otra persona por ‘no hacer las cosas bien’. Tenemos que animarnos a pedir aquello que sabemos que nos gusta y nos excita”, advirtió la experta.

El rapidito y furioso

Para la especialista, “esto es algo muy común si es que tenemos relaciones con un hombre, más aún si son muy jóvenes o inexpertos. Tienen tanto fuego y, a veces, tan poca experiencia, que necesitan sí o sí hacer movimientos que los hagan llegar rápido al orgasmo. Entonces es muy raro que quedemos satisfechas y el común de las mujeres no llegamos al orgasmo en cinco minutos”.

Zonas que no nos resultan erógenas

“Es muy difícil desmitificar y pensar en un nuevo mapa erótico cuando están establecidas cuáles deberían ser las áreas erógenas de las mujeres y de los hombres. Sin embargo, debemos saber que cada ser tiene sus zonas individuales erógenas y su mapa de placer. Puede existir una zona que a una mujer la lleve directo al orgasmo, pero también, esa misma zona a otra mujer podría producirle malestar, cosquillas, bronca o malos recuerdos. Y, en consecuencia, la sacaría completamente del momento sexual”, aseguró Salort.

El contacto directo

Muchas personas son más de querer ir despacio, de que les hablen y les provoquen deseo de ser tocados o empezar a tocar. Nada les excita menos que, de la nada, recibir una mano en el pecho o la entrepierna. “La típica situación es la de estar haciendo cualquier cosa, con los chicos, respondiendo un mail, alguna tarea de la casa, arreglando una canilla, ordenando la ropa, terminando de cocinar o poniendo un clavo, algo que nada tiene que ver con la proximidad sexual y, de repente, mano en el busto. ¡No! ¡No es así! Necesitamos una entrada en calor”.

La presión y las expectativas

“Me refiero a esa pareja que está obsesivamente pendiente de nuestro placer y quiere que seamos un espécimen que vive teniendo orgasmos y se contornea de placer. O tiene múltiples orgasmos porque ‘él o ella sabe cómo hacer para que nos suceda’. El tema es que como muchas personas se guían por sus experiencias vividas o imaginadas, quieren sentirse súper power en la cama y para esto necesitan que tengas múltiples orgasmos”, apuntó.

“Hay personas que se desviven para que termines -continuó- y, a veces, son demasiado insistentes con lo que hacen y terminan quitándote las ganas. Es necesario que les hagas saber que el orgasmo no es lo único que importa, sino gozar en el camino”.

Palabras y palabritas

Mientras estamos teniendo sexo, a muchos nos gusta que nos hablen, que nos digan cosas. Otros prefieren “hacerlo” en silencio. Sin embargo, si nos hablan cuando tenemos sexo, hay algunas palabras que nos bajan automáticamente el deseo al escucharlas y hay otras que lo levantan y nos encienden. “Está bueno comunicar qué nos gusta que nos digan. ¿Cuál fue esa palabra que te dijeron cuando estabas en llamas y te encantó, y cuál la que sentiste desubicada o tan graciosa que te terminó sacando de clima? Te invito a que hagas una lista y te diviertas recordando”.

El que dirige la orquesta

“Esa persona que empieza a pedir posiciones y ‘dirige la orquesta’. Tiene ese tema de querer hacer el Kamasutra de repente. Te coloca en posiciones absolutamente incómodas, ridículas, que le gustan o que cree innovadoras. En el caso de los hombres, el pretender hacer acrobacias y posiciones raras en la cama a veces (no digo, siempre, aclaro) tiene que ver con que, como tienen un miembro de buen tamaño, quieren lucirlo de esta manera. Y la verdad es que nada más incómodo y poco erotizante que tener sexo con un hombre que, al fin y al cabo, tiene relaciones con su propio pene”.

FUENTE: Infobae