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Soñar despiertos, una forma de ser más inteligentes

Cerrar los ojos y soñar despiertos nos permite ir a cualquier lugar, realizar cualquier deseo y enfrentar cualquier miedo. Si bien algunas personas lo ven como una forma de perder el tiempo y como algo que no tiene mayor utilidad, la ciencia descubrió que este sencillo y agradable ejercicio incrementa la inteligencia, además de darnos un rato de placer.

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“Se suele decir también que soñar despiertos está asociado a la adopción de una posición pasiva. No se cree que esto sea una actividad, sino que, por el contrario, es algo que inhibe la acción. Pero eso es un error. En la actualidad, se detectó que la imaginación puede ser un gran estímulo para la acción”, señaló Elena Sanz, psicóloga clínica especializada en psicoterapia cognitivo-conductual de Madrid.

El impacto en la memoria de soñar despiertos

El psicólogo Allan Paivio dice que cerrar los ojos y visualizar ideas tiene un efecto excelente sobre las habilidades intelectuales. Sanz, señaló que este experto canadiense, famoso por sus estudios acerca de la imaginación en los años 70, encontró que para las personas es más fácil cerrar los ojos e imaginar cosas concretas, como una flor o el sol.

En tanto, el especialista indicó que resulta más difícil imaginar y recordar conceptos abstractos, como bueno o malo, feliz, equilibrado, etcétera. Gracias a sus investigaciones, se llegó a la conclusión de que el aprendizaje se puede enriquecer con la visualización, incluso en personas cuya memoria está deteriorada.

Por su lado, Eleanor Maguire, neurocientífica de la Universidad de Londres, estudió a los famosos “atletas de la memoria”, esas personas que ganan concursos porque son capaces de recordar en un rango extraordinario y descubrió que casi todos ellos empleaban la técnica de la visualización mental para fijar en su memoria la información.

El poder de la imaginación

Steve Kosslyn, de la Universidad de Harvard, es otro de los expertos que se interesó en el fenómeno de la imaginación o creación de imágenes mentales de la realidad. Sus estudios lo llevaron a concluir que, cuando se imagina un objeto, se activan dos terceras partes de las zonas cerebrales que participan cuando lo vemos en la realidad.

También se comprobó que imaginar sucesos muy negativos afecta emocionalmente a las personas. Cerrar los ojos y soñar despiertos con un desastre genera miedo y angustia, aunque seamos conscientes de que esto no está ocurriendo en el mundo real.

Lo bueno es que también ocurre algo similar con los sucesos positivos. Cerrar los ojos y soñar despiertos con eventos deseados o gratificantes genera emociones de bienestar, mientras que además ayuda a reducir el estrés, relaja e, incluso, contribuye a que aumente la productividad.

Más imaginación, más inteligencia

Los datos disponibles indican que es posible entrenar la imaginación para mejorar la memoria y optimizar el aprendizaje, expresó Sanz. A la vez dijo que “se le considera una vía para incrementar la inteligencia en su conjunto, mejorar el estado de ánimo e incluso estar en mejor forma física”.

Además, la especialista recordó una conocida anécdota del neurocientífico Vinoth Ranganathan. En 2004, evidenció que si una persona imagina que está flexionando un músculo, esto tendría un efecto físico. En efecto, se puso de manifiesto que quienes realizaban este ejercicio mental, pasadas algunas semanas, tenían más fuerza en el músculo que habían ejercitado solo en el plano mental.

Ranganathan también probó que varios meses después de interrumpir el entrenamiento, el músculo en cuestión conservaba su fuerza. Con todo ello, evidenció que, si se hace una tarea imaginaria repetida y por un buen tiempo, se generan cambios fisiológicos plenamente comprobables.

El gimnasio de la imaginación

Sanz consideró que soñar despiertos y dejar volar la imaginación es una actividad que puede convertirse en una excelente aliada. “De hecho, sin darnos cuenta, todo el tiempo estamos imaginando y visualizando situaciones”, manifestó.

También, dijo: “El secreto está, entonces, en hacernos más conscientes de todas esas imágenes mentales que pasan por nuestra cabeza, dirigirlas en forma deliberada y hacer que jueguen a nuestro favor en diversas situaciones. En otras palabras, aprovechar el amplio potencial de la imaginación”.

Como toda habilidad, esta también requiere de práctica. Ranganathan señaló que “de lo que se trata es de formar una imagen mental concreta y soñar despiertos con ella, de forma repetida. Imágenes de bienestar personal, de cambios positivos, de desarrollo de alguna habilidad. Todo indica que hay un punto en el que esto se materializa en la realidad”.

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