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Qué es el amor líquido y cómo afrontarlo

El amor líquido es una nueva forma de relacionarse. Descubrirla puede ayudar a salvar una relación que está en peligro.

El amor líquido es un concepto que ganó popularidad en los últimos tiempos y que describe una nueva forma de relacionarse y desarrollar relaciones personales. Este término se refiere a una visión del amor en la que las relaciones de pareja son frágiles y efímeras, donde los compromisos a largo plazo ceden ante la gratificación inmediata y las conexiones desechables. Si estamos experimentando un amor que está perdiendo solidez, pero no sabemos a qué se debe, es importante que sepamos identificarlo y qué hacer al respecto.

El amor líquido, un término acuñado por Zygmunt Bauman en 1950 es, según este filósofo, una consecuencia de la sociedad de consumo, en la que estamos acostumbrados a tener todo a nuestro alcance y a cambiar de opinión rápidamente. Las relaciones con amor líquido se caracterizan por no tener un compromiso marcado o a largo plazo y por la falta de comunicación y pueden terminar en cualquier momento (sin que te des cuenta).

Según Bauman, esta liquidez erosiona la solidez de ese lazo afectivo, dejándonos en un estado de constante inseguridad y ansiedad emocional.

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Cómo saber si se trata de un amor líquido

Si estamos experimentando una situación con nuestra pareja en la que no tenemos la seguridad de si durará o no, y en la que no hay un compromiso a largo plazo, es posible que estemos en una relación de amor líquido, indicó Monia Presta, directora del Centro de Psicología, Sexología y Salud Integral en Barcelona y dijo que algunas señales, aunque sutiles, pueden ser muy reveladoras:

Falta de comunicación. Si no tenemos una comunicación abierta y honesta con nuestra pareja, y tendemos a evadir conversaciones sobre el futuro, es posible que estemos en una relación de amor líquido. Esto puede derivar en falta de confianza y distanciamiento emocional.

Falta de compromiso. Si no hay un compromiso a largo plazo en la relación, la misma podría tener un final prematuro. La fluctuación constante en los sentimientos y la incapacidad para establecer una conexión emocional sólida y duradera también es una señal de que la relación puede estar navegando en un terreno de amor líquido.

Falta de confianza. Si no hay confianza en la relación, es signo de que no va en buena dirección. La falta de confianza puede llevar a la desconfianza y a la desconexión emocional. Observar también cómo se comporta nuestra pareja con nosotros, si se evitan conversaciones difíciles sobre planes como irse a vivir juntos, tener hijos, etc, comportamientos que revelan que la relación está caracterizada por el amor líquido.

Qué se puede hacer para enfrentar a un amor líquido

Comunicarse con la pareja. Es importante que se hable honestamente sobre los sentimientos y preocupaciones, comunicar lo que nos gustaría cambiar y los deseos con respecto al futuro de la relación. Una comunicación abierta y honesta es crucial para mantener una relación saludable. Es fundamental expresar los propios sentimientos y emociones sin culpar al otro, fomentando un ambiente de comprensión y empatía mutua.

Los conflictos sí son buenos. En una sociedad marcada por la inmediatez y la superficialidad, es importante cultivar relaciones significativas y duraderas. Esto implica entender que el conflicto no es necesariamente negativo, sino una oportunidad para crecer y fortalecer la conexión emocional. Aprender a gestionar los conflictos de manera constructiva proporciona oportunidades para identificar áreas de mejora y crecimiento, tanto individual como como pareja. Además, es fundamental comprender que la felicidad individual no depende del otro, sino de uno mismo, y que el verdadero amor implica apoyar y acompañar al otro en los altibajos de la vida.

Establecer metas y compromisos. Si queremos que nuestra relación sea más sólida, es importante que establezcamos metas y compromisos a largo plazo. Esto puede implicar establecer compromisos mutuos y trabajar juntos para fortalecer la conexión emocional. Sin embargo, también es importante estar preparados para aceptar que algunas relaciones simplemente no están destinadas a perdurar en el tiempo, y estar dispuestos a dejarlas ir cuando sea necesario.

Los tres componentes para una relación sólida

Para saber si nuestra relación será duradera y saludable hay que conocer los tres pilares fundamentales sobre los que se construye. Estos componentes, inspirados en antiguas nociones griegas, ofrecen una guía invaluable para que cultivemos relaciones sólidas y significativas en el mundo moderno.

Filia: la amistad en la pareja. La base de cualquier relación sólida es la amistad. La filia, que significa amistad en griego antiguo, es el cimiento sobre el cual se erige el amor duradero. Dos personas que comparten una conexión genuina y profunda, en la que pueden abrirse sin miedo al juicio, forman una pareja que trasciende las fluctuaciones emocionales. En esta relación, cada individuo se convierte en un refugio seguro para el otro, capaz de compartir sus pensamientos, sentimientos y deseos más íntimos.

Eros: la intimidad sexual. La intimidad sexual, conocida como eros en griego, es otro componente esencial del amor duradero. Esta dimensión de la relación no solo implica la satisfacción física, sino también la capacidad de comunicarse abiertamente sobre los deseos y necesidades sexuales. Es crucial que ambos miembros de la pareja se sientan cómodos hablando sobre sus preferencias y estableciendo límites mutuos. Sin la conexión íntima que proporciona el eros, la relación puede carecer de la profundidad necesaria para perdurar en el tiempo.

Agape: el amor de compromiso. El agape, o amor de compromiso, representa la aceptación incondicional y el apoyo mutuo en la relación. Esta forma de amor implica la capacidad de aceptar al otro tal como es, con todas sus virtudes y defectos. Es fundamental que cada individuo asuma la responsabilidad de su propio bienestar emocional y no espere que su pareja resuelva sus problemas personales. Además, el agape implica la existencia de un proyecto común compartido, en el cual ambas partes trabajan juntas hacia metas y valores compartidos.

FUENTE: TN