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Por qué nos ponemos colorados y cómo evitar sonrojarse

Cuando nos sonrojamos, es un evento que sucede cuando nuestro cuerpo libera adrenalina y se aceleran la respiración y el ritmo cardiaco.

Con el paso de los años, la psicología y la neurociencia se unieron para tratar de explicar un fenómeno común del comportamiento humano: ¿Quién no se puso colorado alguna vez?

Científicamente, el rubor facial es una respuesta fisiológica provocada por una hiperactividad del sistema simpático que dilata los vasos sanguíneos faciales provocando una ligera coloración de tono rosado rojizo en los pómulos. Evidentemente, el color natural de la piel influye en la visibilidad del enrojecimiento, siendo las pieles claras las que más delatan este efecto.

“Aunque aún existen ciertas dudas sobre el proceso específico, sí se ha confirmado que el enrojecimiento de nuestras mejillas tiene que ver con la interacción de dos sistemas diferentes: nervioso y circulatorio”, explica Álvaro Sahún, investigador biomédico especializado en enfermedades cardiovasculares de España. “Primero actúa el nervioso, pues la vergüenza es una emoción social que nos causa incomodidad e inquietud, generando una situación de estrés que es percibida por nuestro cerebro, el cual activa la parte del sistema nervioso encargada de afrontar una situación de peligro o tensión y que denominamos sistema nervioso simpático”, agrega.

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Un estudio realizado por psicólogos holandeses concluyó que cuando las personas se sonrojan es más difícil que mientan y a la vista de otros, ese rubor es una señal de que es sensible a la regla social que se acaba de infringir. Por eso, los psicópatas no se sonrojan en absoluto.

La eritrofobia, es decir, miedo a ponerse colorado

El problema surge cuando ocurre con frecuencia y la persona se obsesiona. Según Cristina Ruiz Coloma, psicóloga clínica en Hospital Universitario Mútua de Terrassa de Barcelona, hay ciertas personas que pueden desarrollar eritrofobia, es decir, miedo a ponerse rojo. “La razón por la que no nos gusta sonrojarnos es porque no podemos controlarlo”, resume la experta.

Para combatirlo, la psicóloga recomienda como primer paso aceptar que se trata de algo natural: “Debemos desdramatizarlo, no es algo tan terrible, y tomarlo como algo intrínseco a nuestra personalidad”.

Cómo evitar sonrojarse cuando se siente vergüenza

Recordar siempre que uno no es la primera ni la única persona en cometer un error. Tampoco será la última.

Detectar las señales y protegerse: cuando se siente vergüenza, la persona se ve diminuta o enorme o se paraliza o huye. Independientemente de cómo se sienta, vale la pena recordar que la vergüenza es una forma de arrogancia. La clave es relajarse ya que la gente está menos interesada en uno de lo que se piensa.

El hecho de que la persona se ponga colorada demuestra que es humana. Los estudios exponen que las personas que se avergüenzan instintivamente inspiran confianza.

FUENTE: TN