El poder de la imaginación en la intimidad
El estudio mostró que la imaginación cumple un rol central en cómo se vive un beso. Incluso cuando los científicos tuvieron en cuenta variables como la creatividad general o el nivel de deseo sexual, la relación se mantuvo: cuanto más peso tienen las fantasías y los pensamientos, mayor importancia adquiere el beso dentro del vínculo.
El Dr. Christopher Watkins, investigador del estudio, explicó que la experiencia está determinada por el “contexto emocional y los estados internos” de cada persona. Esto ayuda a entender por qué un mismo gesto puede resultar significativo para algunos y poco relevante para otros.
En otras palabras, el significado del beso no está solo en el acto, sino en la historia emocional que cada uno lleva a ese momento: el vínculo con la otra persona, las expectativas, el clima afectivo y el grado de conexión.
Un indicador de la calidad de la relación
Los especialistas señalan que el beso cumple una función importante dentro de la pareja. Investigaciones previas ya habían asociado la frecuencia de los besos con relaciones más satisfactorias y estables.
A partir de estos hallazgos, los autores sugieren que comprender el rol de la imaginación y las emociones podría convertirse en una herramienta útil en terapia de pareja. Analizar cómo cada persona vive el contacto físico y qué significado le da puede ayudar a mejorar la comunicación emocional.
Milena Rota, coautora del trabajo, destacó que la investigación aporta una nueva perspectiva sobre cómo los pensamientos influyen en la forma en que las personas expresan el afecto.
Por qué un gesto simple puede ser tan importante
El estudio, publicado en la revista Sexual and Relationship Therapy, refuerza una idea clave: en las relaciones humanas, los gestos físicos no funcionan aislados. Están atravesados por emociones, expectativas y experiencias personales.
Así, un beso puede ser una simple señal de afecto o un momento cargado de significado, dependiendo del vínculo y del estado emocional de quienes lo comparten. La ciencia confirma lo que muchas personas ya intuían: en el amor, la mente y las emociones pesan tanto como el contacto físico.