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Las palabras que erotizan: hablar de sexo durante el sexo

La terapeuta especialista en sexualidad Melanie Büttner no se refiere a conversaciones descarnadas y subidas de tono. Todo lo contrario.

La ley de libertad sexual, conocida como la ley de 'solo el sí es sí', se aprobó en España en agosto y entrará en vigor esta semana. En Alemania, una legislación similar se aplica desde 2016. Hemos preguntado a una de las mayores expertas de aquel país en relaciones sexuales, Melania Büttner, qué consecuencias tiene esa normativa y, sobre todo, cómo debería ser la sexualidad de las personas en el día a día para que ni siquiera fuese necesaria la ley.

Melanie Büttner. Respecto al sexo, muchas mujeres, en mi consulta, me cuentan que alguna vez se han visto incapaces de decir 'no', bien porque no sabían cómo decirlo o porque todo iba tan rápido que, de repente, querían decirlo, pero de alguna manera se sentían paralizadas. Según un estudio de la BBC, dos de cada tres mujeres británicas de más de 40 años aseguran haber sido amordazadas, asfixiadas, escupidas o golpeadas, entre otras cosas, alguna vez durante una relación sexual consentida. Y la mayoría de ellas no quería que le hicieran ninguna de esas cosas.

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XL. ¿Por qué a las mujeres les cuesta tanto decir 'no' durante una relación sexual consentida?

M.B. Nuestra educación patriarcal es clave. En Alemania, por ejemplo, hace años, si se demostraba que la mujer no estaba sexualmente disponible en la forma en la que a su marido le gustaría, se la consideraba culpable del fracaso del matrimonio y no recibía pensión en caso de divorcio. Y hasta muy entrada la década de los setenta ni podían trabajar sin el permiso del hombre. Aunque todo eso no está vigente, muchas siguen pensando que están obligadas a satisfacer sexualmente a sus parejas.

Melanie Büttner es una de las mayores expertas de Alemania en relaciones sexuales, país en el que ya desde 2016 se aplica una legislación similar a la del 'sólo sí es sí', recientemente promulgada en nuestro país.

XL. ¿Por qué la liberación en este terreno a veces sigue sin terminar de funcionar?

M.B. Muchas mujeres despliegan una enorme y a veces terrible capacidad de adaptación: da igual lo que pase en la cama, ellas siguen mostrándose complacientes. Si algo les hace sentirse mal, piensan que es por ellas... a fin de cuentas se supone que el sexo es «la cosa más hermosa del mundo». Así que, si no lo sienten así, es porque algo no están haciendo bien. Además, todas ellas han oído alguna vez historias de relaciones que fracasan porque las mujeres no les daban suficiente sexo a sus parejas. Y luego está el porno mainstream, que refuerza esa narrativa del apetito insaciable del hombre. En muchas de estas películas, las mujeres adoptan un rol de devoción, quieren lo que él quiere. Los chicos hoy empiezan a ver porno muy pronto, y no es raro que luego muchos se sientan con derecho a que una mujer les ofrezca ese tipo de sexo. Pero también hay muchas mujeres que creen que tendrían que ser capaces de dárselo.

XL. Decir 'no' en medio de una relación sexual puede arruinar el momento. ¿Se puede evitar?

M.B. Si freno a alguien de una forma abrupta o le echo algo en cara, en plan «eso que estás haciendo es una bobada», el riesgo de cargarse el ambiente es bastante alto. Pero puedo decir las cosas sin ofender. Por ejemplo, diciendo con tono tranquilo: «Eso no me va mucho». O preguntando: «¿Puedo enseñarte una cosa que a mí me gusta?». Y experimentar con la otra persona, descubrir cosas juntos: «Me gustaría probar esto, ¿te apetece?». Hablar no solo ayuda a que ambos se sientan cómodos, también se convierte en un juguete erótico. Y no me refiero a hablar sucio, sino a que usamos las palabras adecuadas para que la experiencia sea placentera para ambos.

XL. ¿Cómo podemos las mujeres ser conscientes de que queremos decir 'no' y expresarlo en voz alta?

M.B. Es un proceso. Ser capaz de identificar y exteriorizar el no es fundamental para tener buen sexo. Sin embargo, algunas veces las mujeres descubren que en realidad no saben qué es lo que les gustaría hacer en lugar de eso que están haciendo y que les desagrada. Algunas no se han preguntado nunca cuál es su visión de la intimidad. En ocasiones, para desarrollarla, es necesario reflexionar a fondo, interrogarse detenidamente. Otras mujeres sí tienen esa visión, pero sus parejas no están por la labor: «¿Sexo sin penetración...? Qué me cuentas, eso no es sexo de verdad». Cuando te encuentras ese tipo de resistencia, debes decidir: «¿Reclamo mi lugar en esta relación, afronto el conflicto que supone que cada uno queramos cosas distintas?». Y no es raro que aparezca el miedo: «¿Puedo acabar poniendo en peligro la relación?». En ese momento es habitual que se produzca una actitud de «bueno, la cosa tampoco está tan mal, no pasa nada por seguir como hasta ahora...».

«Muchas mujeres despliegan una enorme y a veces terrible capacidad de adaptación. Si algo no las hace sentir bien, piensan que es su culpa»

XL. ¿Cuáles son las consecuencias de esa opción?

M.B. Seguir amoldándote implica que el sexo no te aporte mucho desde un punto de vista emocional. O que aguantes cosas que te resultan desagradables. Algunas mujeres desconectan, se ponen a repasar mentalmente la lista de tareas pendientes mientras el piloto automático del cuerpo se encarga de ayudar a que su pareja llegue al orgasmo. Muchas acaban perdiendo el deseo y la situación acaba teniendo un efecto sobre sus cuerpos. Algunas, por ejemplo, reaccionan con dolor o calambres en la región genital. Muchas veces, detrás de estas reacciones se oculta un 'no' que se calla.

XL. ¿Qué papel desempeña el miedo a lo que pueda pasar si ponemos límites, si decimos «mejor no seguir por ahí»?

M.B. Muchas veces, las mujeres tienen miedo a defraudar a sus parejas o que las dejen. Otras, a que su pareja pueda pensar que son raras o frígidas. El miedo a provocar una situación tensa, una respuesta brusca también desempeña un papel. Sobre todo en los primeros encuentros y también en las citas on-line, donde es más posible que las cosas acaben torciéndose porque todavía no sabemos calibrar muy bien cómo reaccionará la otra persona. Por otro lado, en nuestra sociedad, los procesos de aproximación están marcados por una cultura de la seducción...

«En algún momento, muchas han sentido el sexo como algo agobiante, lo han vivido con impotencia o incluso con dolor»

XL. ¿A qué se refiere con cultura de la seducción?

M.B. Antes se partía de la idea de que el hombre es exigente e impetuoso por naturaleza, mientras que la mujer es más bien retraída. Además, es a él a quien le corresponde pensar cómo 'conquistar' a la mujer, cómo 'seducirla', de qué manera puede 'vencer su resistencia'. Estas expresiones forman parte de nuestra forma de hablar, pero invitan al ejercicio del poder y a trasgredir los límites. Incluso hay libros y vídeos de YouTube en los que maestros de la seducción enseñan a los hombres a manipular a las mujeres y 'liarlas'.

XL. ¿Los hombres también son víctimas de esta atribución de papeles?

M.B. Sí, hay hombres que se sienten incómodos. A lo mejor les gustaría que, para variar, una mujer los invitara a ellos a mantener relaciones sexuales. O simplemente se han hartado de tener que tomar la iniciativa y exponerse a verse rechazados una y otra vez, o enfrentados a malentendidos incómodos. Por ejemplo, tras un rato charlando piensan: «Ha mostrado interés, me ha devuelto la mirada, ha flirteado seguro, la voy a besar...», y entonces ella se aparta, totalmente sorprendida. Sí, los hombres que se lanzan a dar el primer paso no lo tienen fácil. Por eso hacen falta conductas alternativas para estos procesos de acercamiento. Por ejemplo, sonreír y preguntar: «¿Puedo besarte?». Puede resultar enormemente seductor y erótico y, al mismo tiempo, me aseguro de que nada salga mal.

«Algunas mujeres no se preguntan qué les gustaría hacer en lugar de eso que hacen y les desagrada. A veces hay que reflexionar a fondo»

XL. ¿Cuál sería el siguiente paso para que la primera relación sexual de la pareja sea consentida por ambos?

M.B. Aquí, expresar el consentimiento con palabras también es la forma más clara e inequívoca. Puede que a muchos les suene poco natural, pero un «me pareces muy atractiva» pronunciado con voz suave, seguido de un «me encantaría invitarte a venir a casa, ¿te apetecería?», tiene una nota enormemente erótica. También estaría bien seguir preguntando antes de adentrarse un paso más: «¿Puedo desnudarte?...». De esta forma, hablar se convierte en parte del juego del amor y deja de ser algo torpe o turbador. Siempre es una buena opción ir preguntando según se avanza: «¿Qué te parece? ¿Te gusta? ¿Puedo hacer alguna otra cosa?».

XL. ¿No cree que el atractivo de la sexualidad también reside en que no todo se hable?

M.B. Hay personas que lo prefieren así, y naturalmente tienen la libertad de renunciar a esta forma de buscar el entendimiento que yo planteo. Pero su libertad termina allí donde la otra persona necesita un mayor grado de consentimiento para sentirse cómoda. Son muchas las mujeres que en algún momento han sentido el sexo como algo agobiante, que lo han vivido con impotencia o incluso con dolor. Lo que nunca está de más es un: «Si algo de lo que hago no te gusta, no dudes en decírmelo».

XL. ¿Qué ha aprendido sobre la sexualidad gracias a su trabajo?

M.B. Lo más importante en el sexo es que me resulte placentero. Es una cuestión enormemente individual y puede ir cambiando a lo largo de la vida, así que es necesario realizar una constante evaluación interna de lo que en cada momento nos parece adecuado y tener la capacidad de compartirlo con nuestra pareja.

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