“El calor excesivo disuelve y arrastra esos lípidos, haciendo que la piel pierda su capacidad de retener agua y quede más expuesta a la irritación y la inflamación”, remarca la doctora Salleras.
Por qué no conviene ducharse con agua tan caliente
La experta señala que algunas personas sienten picor o ven la piel enrojecida al ducharse con agua muy caliente porque el calor provoca la dilatación de los vasos sanguíneos y estimula las terminaciones nerviosas de la piel. “Además, en algunas personas se libera histamina, una sustancia relacionada con la inflamación, lo que intensifica la sensación de picor, especialmente en pieles sensibles”, agrega.
La doctora Salleras indica además que el agua muy caliente afecta al cuero cabelludo, al eliminar el sebo natural que lo protegé. “Esto puede provocar sequedad, picor, y descamación. Además, el cabello puede volverse más seco, frágil y propenso a la rotura”, destaca.
La dermatóloga insiste en que el agua muy caliente tiene impacto en la circulación porque provoca vasodilatación: “Esto puede generar una sensación inicial de relajación, pero también puede causar bajadas de tensión y mareos al salir de la ducha, especialmente si la exposición al calor es prolongada. Además la vasodilatación induce picor tanto por un mecanismo de compresión de los nervios como por la liberación de histamina que induce”.
Síntomas más intensos y duraderos
Una ducha demasiado caliente puede empeorar afecciones como la dermatitis o el eczema, ya que el calor daña la barrera cutánea, aumenta la inflamación y potencia el picor; lo que puede desencadenar brotes o hacer que los síntomas sean más intensos y duraderos. “Ejemplos de esto serían las personas con dermatitis atópica, psoriasis, ictiosis o aquellos que reciben tratamientos farmacológicos que irritan la barrera cutánea, como los fármacos para bajar el colesterol, los diuréticos para bajar la tensión arterial y algunos quimioterápicos”, insisten.
Asimismo, explica que las personas con piel seca o sensible tienen un mayor riesgo de sufrir daño al ducharse con agua muy caliente. “Su barrera cutánea ya estaba dañada, es más frágil y pierde agua con mayor facilidad, por lo que el calor puede provocar más irritación, más enrojecimiento, más sequedad, y aún más picor”, manifiesta la experta.
Cómo deben ser las duchas: tiempo y temperatura
Con todo ello, indica que la temperatura más recomendable para ducharse sin dañar la piel se sitúa entre los 32 y 38 grados centígrados, es decir, lo más similar posible a nuestra temperatura habitual, que oscila entre 35 y 37 grados: “Este rango permite una correcta higiene y resulta suficiente para relajar el cuerpo, y sin alterar la barrera cutánea. A partir de los 40 grados, el riesgo de sequedad y de irritación de la piel aumenta notablemente”.
Además, mantiene que el tiempo de recuperación de la piel depende de su estado previo y que, en una piel sana, la barrera cutánea puede tardar desde varias horas hasta un día en recuperarse. También, señala que, en personas con piel seca o sensible, este proceso puede prolongarse entre uno y tres días, especialmente si las duchas calientes son frecuentes.
En tanto, para evitar la deshidratación de la piel, lo más recomendable es que la ducha dure entre cinco y diez minutos. “Las duchas largas, especialmente con agua caliente, aumentan la pérdida de agua y de lípidos, por lo que se aconseja optar por duchas cortas con agua templada”, especifica la doctora Salleras, quien aconseja aplicar una crema hidratante después de la ducha, preferiblemente, durante los primeros tres minutos tras pasar por el agua, porque en ese periodo los poros cutáneos están más dilatados y los emolientes penetran más.