“Esta tendencia refleja algo que estamos viendo de manera más amplia en el ámbito de la belleza, en torno a la primacía de productos dirigidos a lo que alguna vez podría haberse visto como preocupaciones de belleza un tanto tabú, como la caspa”.
Pese a que el cuero cabelludo puede ir variando por la edad, el clima, el uso de químicos o por motivos hormonales, se divide en cuatro tipos, como indican los expertos. Son los siguientes:
- Cuero cabelludo normal: sus cambios son bastante fáciles de corregir y no se vuelve demasiado graso o seco, incluso saltando algunos lavados de pelo. Además, los productos para el peinado no lo irritan.
- Cuero cabelludo graso: se caracteriza por una producción excesiva de sebo. Tiende a tener una apariencia grasosa y habitualmente se siente pegajoso al tocarlo. Además, es más propenso a la caspa y puede producir la obstrucción de los folículos pilosos.
- Cuero cabelludo seco: carece de suficiente producción de sebo, lo que lo hace propenso a la resequedad y la descamación. La piel puede sentirse tensa, con picazón o irritada, y la caspa es común.
- Cuero cabelludo sensible: debido a un desequilibrio en la producción de sebo, a la contaminación o al estrés, es muy propenso a la irritación. Además, el pelo puede perder brillo y vigor.
Aprender a identificar qué tipo de cuero cabelludo tenemos es fundamental para saber sus cuidados.
Un cuero cabelludo sano es la clave de un cabello sano
La dermatóloga Dra. Natasha Cook, radicada en Sydney, dice que la piel del cuero cabelludo y la cara “tienen necesidades muy similares”. Lo que significa que mantener la salud del cuero cabelludo tiene un impacto en la salud y el crecimiento del cabello. “Un cuero cabelludo enfermo provocará la caída del cabello, sin mencionar la incomodidad de la descamación y la picazón”, dice.
La salud del cuero cabelludo comienza con el lavado del cabello, que debe realizarse una o dos veces por semana. Más que eso eliminará los aceites naturales y la barrera, lo que puede provocar inflamación.
FUENTE: TN