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Agua, geopolítica y nueva tecnología: ¿Para qué sirve la misión Artemis II?

El astrónomo Carlos Bornancini explicó por qué la misión de la NASA marca un punto de inflexión: competencia global, tecnología inédita y el objetivo final de instalar una base en la Luna.

La humanidad vuelve a mirar a la Luna, pero esta vez con objetivos mucho más ambiciosos que hace medio siglo. La misión Artemis II no es solo un nuevo viaje espacial: es el primer paso concreto hacia una presencia humana sostenida fuera de la Tierra.

Así lo explicó el astrónomo Carlos Bornancini, del Observatorio de la Universidad Nacional de Córdoba, quien destacó que el proyecto liderado por la NASA busca mucho más que repetir la hazaña histórica del Apollo 11 Moon Landing. “Ahora el objetivo es competir con China y establecer una base en la Luna”, resumió.

La misión Artemis II, que ya superó pruebas clave, llevará astronautas a una distancia cercana a los 385.000 kilómetros de la Tierra, rodeando la Luna e incluso alcanzando zonas nunca exploradas por misiones tripuladas, como la cara oculta.

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Pero la pregunta central sigue siendo: ¿para qué sirve?

Bornancini lo explica en términos claros: se trata de validar tecnología completamente nueva. “No podemos viajar con la tecnología de 1969. Todo debe probarse en el espacio, porque no hay condiciones similares en la Tierra”, señaló.

Velocidades extremas —de hasta 40.000 kilómetros por hora—, radiación, presión y resistencia estructural son algunos de los factores que se evalúan antes de avanzar hacia el siguiente paso: el alunizaje.

Según el cronograma actual, las misiones posteriores apuntan a concretar ese hito hacia 2028 y, poco después, establecer una presencia regular en la superficie lunar.

Detrás de esta nueva carrera espacial aparece un factor clave: la geopolítica. Así como durante la Guerra Fría Estados Unidos y la Unión Soviética competían por el dominio del espacio, hoy el escenario se redefine con el avance de China y otras potencias.

El punto estratégico es el polo sur de la Luna.

Allí se detectaron reservas de agua en estado sólido, un recurso fundamental para futuras misiones. Además, existen zonas conocidas como “picos de luz eterna”, donde la radiación solar es constante y permitiría generar energía de forma continua. “Ese lugar reúne condiciones ideales para instalar una base”, explicó Bornancini.

La presencia de agua, sumada a minerales valiosos, abre la puerta a un nuevo paradigma: la Luna como plataforma de exploración profunda y eventual punto de partida hacia otros destinos del sistema solar.

Lejos de ser una aventura aislada, Artemis II forma parte de un plan a largo plazo que combina ciencia, tecnología y estrategia internacional. En un mundo atravesado por conflictos en la Tierra, la carrera por el espacio vuelve a encenderse. Y esta vez, no se trata solo de llegar, sino de quedarse.

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