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Adaptaron un colectivo para vivir, les salió mal y tuvieron que rehacerlo

El problema fue que le dieron prioridad al "diseño" del interior, mientras que la funcionalidad la habían relegada.

Kels y Jay son los protagonista de una historia de renovación. Los jóvenes de 25 y 26 años decidieron en 2019 comprar un viejo colectivo, renovarlo y convertirlo en su hogar. Por entonces todo salió a la perfección. Sin embargo un año más tarde optaron por rediseñar el interior y le contaron a sus seguidores los motivos de tal decisión.

Resulta que la feliz pareja comenzaba el noveno mes de su viaje cuando se percataron de las “pequeñas imperfecciones” que tenía su adorada casa sobre ruedas. Si bien las fallas no eran técnicas, lo cierto es que en un comienzo el “diseño” del interior fue el gran protagonista, mientras que la funcionalidad la habían relegado.

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Aquella decisión fue el quiebre de algunos momentos felices. Los chicos sabían que no estarían exentos de desafíos y fue por ello que, tras analizar los gastos y beneficios de volver a trabajar en el micro, optaron por avanzar con la transformación.

“Nueva pintura, mejores muebles y más almacenamiento”: estos fueron los tres pilares del gran cambio debido a que la corta pero intensa experiencia sobre la ruta había permitido descubrir las mejoras posibles para hacer y obtener así mayor funcionalidad.

El principal cambio se vio en los colores del colectivo. Originalmente el blanco había sido elegido con el objetivo de “ampliar” el espacio. Sin embargo, el paso de los meses dejó en evidencia lo difícil que era mantener las paredes limpias y por tal motivo reemplazaron el color por el negro.

Respecto a los almacenamientos, en una primera instancia Pinterest fue una gran fuente de inspiración y por esto el diseño estaba plasmado en las paredes. Habían recreado una zona de corcho para “colgar” los objetos culinarios pero descubrieron que el movimiento del viaje jamás permitía que estos se mantuvieran estables.

“Debíamos retirar todo lo de las paredes y guardarlos cada vez que arrancábamos el motor”, recordó la pareja. Por esta razón, las clásicas estanterías de madera fueron la mejor renovación. Además, reemplazaron una pequeña heladera que consumía mucha energía por una con mejor funcionalidad.

“La original gastaba mucho, no nos entraba toda la comida y no podíamos ahorrar demasiado. Con la nueva obtuvimos tres ventajas: guardar más alimentos, consumir menos energía y usarla como banco para sentarse”, comentaron.

También decidieron incluir más intimidad accedieron a nuevas cortinas y por último modificaron el sofá original por uno con la opción de convertirse en cama para poder “recibir a alguien” o tener un espacio aparte. “Creo que somos más ‘nosotros’ de lo que era originalmente. Ahora se siente más reconfortante y más como en casa”, concluyeron.

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