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10 claves para criar a tus hijos de manera saludable

Los hijos pueden entender las consecuencias de ciertas acciones y comportamientos mediante la empatía, la comprensión y el respeto.

Si sos papá o mamá sabrás por propia experiencia lo difícil que es criar a tus hijos. Te debatís entre inculcarles valores, conductas apropiadas y actitudes constructivas pero, por momentos, te frustran sus comportamientos y sentís que no sabés cómo actuar.

Por supuesto siempre habrá alguien que te señala todo el tiempo lo que hacés mal, o te dicen cómo lo harían. Ni hablar de los que declaman las frases del estilo “yo salí muy bien con unos cuantos chirlos que me daban”.

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La psicología positiva promulga un tipo de crianza de los hijos en la que los niños pueden entender las consecuencias de ciertas acciones y comportamientos mediante la empatía, la comprensión y el respeto utilizando la paciencia en lugar del miedo a castigos violentos.

Es necesario entender que no propone permisividad ni consentir en todo a los hijos, y si bien sabemos que no es tarea fácil, los autores sostienen que los hijos necesitan normas y disciplina, y que la ausencia de ellas es interpretada como falta de afecto o interés.

Tus hijos deben comprender que hay ciertos comportamientos que son adecuados y otros que no lo son. Pero esa disciplina debe ser ante todo no-violenta, respetuosa de las características particulares de cada niño y que brinde herramientas para crecer. Es importante encontrar estrategias que generen autodisciplina, comunicar las expectativas y reglas con claridad y enseñarles el respeto por su entorno y por los otros.

Directrices básicas

¿Te parece imposible? Bueno, ¡no tenés que saber todo por arte de magia! Podés seguir tu instinto y también consultar libros o especialistas que te brinden ayuda y estrategias cotidianas.

Te voy a compartir algunas pautas básicas adaptadas del libro de la doctora Joan Durrant Positive Discipline in Everyday Parenting:

1. No compares a tus hijos con otros. Cada niño o niña es especial y desarrolla estrategias para convivir con su entorno. Tenés que conocer sus fortalezas y debilidades, por lo cual tus expectativas deberían ser realistas.

2. No te guíes sólo por las “edades” de los manuales. Tus hijos van a sorprenderte todo el tiempo y cada uno tendrá “tiempos diferentes” para cada logro.

3. Cuidá tus palabras y el tono en el que las decís. Si son pequeños, conviene usar palabras más cortas y evitar los gritos (salvo, claro está, que trates de evitar una situación de peligro). Pensá en vos mismo y cómo te gusta que te hablen, ante un pedido amable tu reacción va a ser mejor, ¿verdad?

4. Probá darles opciones en lugar de órdenes. Se trata de mostrarles que no están sometidos a la autoridad y que pueden tomar decisiones. Claro que estas últimas están dentro de las reglas que se le enseñan, por ejemplo: ¿querés ordenar tus juguetes antes o después de ponerte el pijama?

5. Antes de reaccionar, observá si efectivamente le pasa algo más. En los vínculos, solemos dar por seguras algunas conductas, por ejemplo “siempre llora para llamar la atención”. Antes de dar algún tipo de respuesta negativa, o de invalidar su conducta, observá que no haya algo más que te esté comunicando.

6. Comportate de la manera que predicás. Los niños te observan todo el tiempo, sos su modelo a seguir, y por más que gastes muchas palabras en decirles lo que es correcto, no servirá de nada si no cuidás tu propio comportamiento.

7. Hacé contacto visual para hablar con ellos. Esto implica que “te pongas a su altura” o que necesites unos minutos si está en pleno llanto o grito. Si mantenés un tono calmado, eso va a “contagiarse” y tendrás mejores resultados.

8. Buscá alternativas al castigo. Idealmente, podrías ponerte en su lugar y tratar de consensuar lo que se debe hacer, explicándole por qué se debe hacer algo. También es útil planificar las actividades como las horas de pantalla, la tarea o las pequeñas responsabilidades domésticas. Siempre se puede negociar dentro de un límite.

9. Alentá y premiá los comportamientos positivos. Nada hay más constructivo que destacar sus esfuerzos por comportarse acorde a tus expectativas. Eso va a reforzar sus conductas adecuadas. Los premios no necesariamente son materiales, pueden ser darle un abrazo o una frase alentadora.

10. Si es necesaria una sanción, que sea la lógica consecuencia de sus actos. Si daña a alguien o algo deberá disculparse; si rompe su juguete no podrá disfrutarlo (no se le compra otro rápidamente), si ensucia algo deberá ocuparse de limpiar (aunque papá y mamá tengan que “repasar” lo que limpió) y así en todos los casos.

La disciplina es enseñar, no castigar, y les enseñamos trabajando en equipo y considerándolos individuos con derechos. Así serán mejores integrantes de una sociedad y exitosos en el desarrollo de sus potencialidades.

FUENTE: TN

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