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Orgullo de ser guardavidas y mujer: la historia de Agostina Bustos

En el Día Nacional del Guardavidas, sanjuan8.com habló con Agostina Bustos Morino, quien contó su camino en una profesión exigente, su crecimiento entre Argentina y Europa y los desafíos de abrirse paso en un ámbito históricamente masculino.

Históricamente, el rol de guardavidas estuvo asociado casi exclusivamente a los hombres. Sin embargo, esa realidad empezó a cambiar con mujeres que, desde el entrenamiento y la vocación, se abrieron camino para cumplir una tarea que no admite dudas: cuidar vidas.

Cada 14 de febrero se celebra en Argentina el Día Nacional del Guardavidas, una fecha que recuerda a Guillermo "el Chino" Volpe, fallecido el 4 de febrero de 1978 tras un rescate en Playa Grande, en Mar del Plata, según el Sindicato de Guardavidas y Afines Mar del Plata.

En ese contexto, sanjuan8.com habló con Agostina Bustos Morino, guardavidas desde 2018. Su vocación nació temprano. “De chica, cuando iba a la playa, me fascinaba ver su trabajo; su entrega y la rapidez con la que actuaban. Como ya entrenaba natación y estudiaba educación física, sentí una conexión inmediata. Fue esa combinación entre la pasión por el agua y la vocación de servicio lo que me acercó definitivamente a esta profesión”, contó.

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Su carrera la llevó por distintos escenarios: trabajó en seguridad náutica, piscinas, clubes, rescate embarcado y playas abiertas. En 2023 se formó en el cuerpo de bomberos militares de Santa Catarina, en Brasil lo que marcó un antes y un después en su desarrollo profesional. Desde entonces, se dedica al salvamento durante todo el año, alternando temporadas entre América y Europa. “Desde mayo hasta octubre trabajo en playas de Portugal”, explicó.

Tras esa experiencia, regresó a San Juan, su provincia, donde continúa ejerciendo.

Pero el camino no estuvo exento de obstáculos. “Ser guardavidas y ser mujer es caminar siempre en equilibrio, como pararse en la orilla con el silbato listo y los ojos atentos a todo. Mi trabajo empieza mucho antes de que alguien entre al agua: empieza cuando tengo que demostrar, una vez más, que sé lo que hago”, expresó.

Recordó que durante años sintió el peso de los prejuicios. “Hay miradas que dudan. Comentarios disfrazados de chiste. Personas que buscan al ‘guardavidas’ y se sorprenden cuando me ven a mí. Al principio dolía, después cansó… hoy lo transformo en convicción. Porque cada rescate, cada prevención a tiempo, cada jornada que termina sin accidentes es una respuesta silenciosa y firme”.

Su tarea exige preparación constante. “Entreno todos los días; priorizo la musculación y la natación. Cuando surgen situaciones de rescate, se hace mucha fuerza y el cuerpo queda exhausto. Cuanto mejor entrenada esté, mejor se aguanta el post-rescate y el día a día”.

Entre las experiencias que más la marcaron, recordó un rescate en Brasil. Una familia quedó atrapada por la corriente y debieron intervenir varios guardavidas. “Lo más complejo fue gestionar la desesperación y el miedo. El pánico hace que no cooperen y duplica el esfuerzo. Gracias al trabajo en equipo y al entrenamiento, logramos sacarlos a todos a salvo”, relató.

Con el paso del tiempo, también observó cambios. “Hace ocho años, ser guardavidas y ser mujer era estar a prueba permanente. Había que rendir más, demostrar todo el tiempo. Hoy no es perfecto, pero somos más mujeres. Ya no somos la excepción. Esa presencia empieza a mover estructuras”.

Para ella, el trabajo tiene un valor profundo. “Me gusta sentir que cuido, que prevengo, que mi presencia importa. Hay días duros, agotadores, pero hay orgullo. Orgullo de mi cuerpo entrenado, de mi carácter firme, de haber estado en playas, ríos, piscinas y embarcaciones. Orgullo de ser guardavidas. Orgullo de ser mujer”.

Y dejó un mensaje claro: “Ser guardavidas hoy, siendo mujer, sigue siendo un desafío. Pero también es ser parte de un cambio. Demostrar con hechos que cuidar vidas no tiene género".

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En San Juan, más de la mitad no sabe flotar

Desde su experiencia actual en diques sanjuaninos, Bustos explicó que el riesgo no depende solo del lugar, sino de la preparación de las personas. “Quizás una playa parece más peligrosa por las olas, pero son contextos donde la gente tiene más contacto con el agua. Aquí, en San Juan y en Argentina, mucho más de la mitad de la población no sabe ni flotar”, advirtió.

En ese sentido, contó que las intervenciones son frecuentes. “Nosotros trabajamos en el dique y, por ejemplo, en esta semana ingresamos a la zona boyada aproximadamente ocho veces, que para este contexto es mucho”.

También señaló que muchas situaciones ocurren por desconocimiento. “Pasa con kayaks o con personas que no se saben reincorporar en el agua. Entonces no es que un lugar sea más peligroso que otro, sino que depende de la cantidad de personas y de su capacidad”.

Con esta nota pretendemos reconocer el gran labor de los y las guardavidas de San Juan: ¡Feliz Día!