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"No caigo": el dolor de la familia del fotógrafo tras su muerte

Tras confirmarse su muerte, familiares y amigos despidieron a Alberto Quiroga con mensajes cargados de dolor. Las palabras reflejan el vacío que dejó en su entorno.

El final de la búsqueda de Alberto Quiroga dejó algo más que respuestas: abrió una herida profunda en su familia, en sus amigos y en toda una comunidad que durante días se sostuvo de la esperanza. Con la confirmación de su fallecimiento, el dolor comenzó a expresarse en palabras, en recuerdos y en despedidas que rápidamente se multiplicaron.

Uno de los momentos más conmovedores se dio en redes sociales, donde quienes compartieron la vida con el fotógrafo empezaron a poner en palabras lo que cuesta asumir. Entre esos mensajes, uno de sus seres más cercanos describió la sensación de incredulidad, de no poder aceptar todavía la pérdida, de escribir con lágrimas y con el peso de saber que ya no habrá nuevos encuentros.

En ese texto, cargado de recuerdos simples pero significativos, aparece la imagen de un compañero que trascendía lo laboral. Las salidas, las charlas, las risas compartidas y esos momentos cotidianos que, en el paso del tiempo, se vuelven irremplazables. También surge la descripción de su forma de ser: reservado al principio, pero cercano, generoso y capaz de generar un clima distinto cuando entraba en confianza.

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La ausencia, en ese contexto, se vuelve más tangible. No solo por lo que se perdió, sino por todo lo que ya no va a suceder. Las pequeñas rutinas, los mensajes, los encuentros espontáneos. Todo eso que parecía habitual y que, de un momento a otro, deja de existir.

El padre de Alberto acompañó ese mensaje, replicándolo en sus redes, en un gesto que expone el dolor compartido y la necesidad de aferrarse a esas palabras que otros pudieron expresar. No fue el único. Con el correr de las horas, las muestras de afecto se multiplicaron desde distintos ámbitos, incluyendo espacios institucionales y personas que lo conocieron en su trabajo y en su vida cotidiana.

Pero una de las despedidas que más impacto generó fue la de su hermano. Con pocas palabras, logró condensar una sensación que atraviesa a toda la familia: la de haber quedado con cosas pendientes, con tiempo que parecía garantizado y que de pronto se interrumpe. La necesidad de haber dicho más, de haber compartido más, de haber estado más tiempo cerca.

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Ese mismo hermano había sido, días antes, uno de los motores de la búsqueda. Fue quien pidió ayuda, quien sostuvo el reclamo y quien puso en palabras la angustia y la incertidumbre que crecía con cada jornada sin noticias. Hoy, ese recorrido se transforma en despedida, acompañado por cientos de mensajes de apoyo y acompañamiento.

La historia de Alberto no solo se reconstruye desde lo ocurrido, sino también desde lo que dejó en quienes lo rodeaban. Un fotógrafo que trabajaba en eventos, que recorría lugares, que construía vínculos y que, sin proponérselo, terminó marcando a quienes lo conocieron.

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La investigación continúa para esclarecer en detalle las circunstancias de su muerte, pero en paralelo hay algo que ya es evidente: el impacto humano que deja su ausencia. En 25 de Mayo, el dolor no es solo de una familia, sino de una comunidad que lo buscó, lo esperó y hoy lo despide.