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Quien iba a decir que la famosa frase de Álvaro Alsogaray perduraría con los años, la única salvedad en este caso es el cambio de estación.

Hace casi un mes que asumió el nuevo gobierno y lejos de ser en velocidad crucero podríamos señalar que más que la libertad avanza, es Milei el que avanza. Y lo hace de la manera que lo está haciendo porque los votos son de él, no son liberales. Una explicación como para entender la conformación socioeconómica de sus votantes. Y también por qué no para comprender la ausencia de varios libertarios de paladar negro que no participan en su gabinete. ¡La esperanza esta puesta en el líder carismático!

El primer mandatario irrumpió en la escena política con una fortaleza producida en las urnas y una debilidad inédita en el Congreso. Las primeras medidas de shock anunciadas recientemente apuntan a mostrar un cambio de régimen y la construcción de un liderazgo potente que hasta desafía a las instituciones.

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El gobierno recién se va acomodando con el fantasma a sus espaldas por impedir que la herencia inflacionaria, sumadas a las medidas que tomó de ponerle fin al control de precios y la inflación reprimida, terminen en una hiperinflación.

Por ahora la gente está bancando al presidente que decidió apelar a un cambio cultural radical, acabar con las prebendas del estado, destrabar las múltiples barreras regulatorias, transparencia fiscal y si faltaba algo dar vuelta como a una media el negocio de la política. La otra cara es la realidad económica, quizás la más determinante, la subsistencia con los bolsillos famélicos tendrá un límite.

Todas las miradas están puestas para que en marzo o abril exista un respiro con la inflación caso contrario la situación podría volverse dramática. Con sueldos muy rezagados las calles podrían transformarse en una pesadilla para su gestión. Una cosa es hablar de ajuste y otra de soportarlo.

Por otro lado, está la agenda del presidente con los gobernadores: la coparticipación tuvo una caída real del 20% en diciembre. El proyecto de eliminación a las modificaciones de Ganancias con lo que las provincias recuperarían parte de los recursos perdidos tiene que ir para su discusión al Congreso. Este es una parte de los reclamos que hacen los caciques provinciales, se sabe que hay provincias que no tienen espalda financiera para soportar meses de reducción coparticipable.

Los gobernadores temen quedar presos de una negociación política, apoyo a la ley ómnibus a cambio de recursos. O peor aún a que estos sean discrecionales. Hay un antecedente que les hace ruido. Hubo acuerdos por deudas de la nación con las provincias que fueron acordadas en su momento y a la hora de firmarlas se encontraron con la negativa del Ministerio de Economía.

La discusión de la letra chica de lo que está planteando el líder libertario tendrá coincidencias y otras que no, se intuye que no habrá cheque en blanco para todo. Será muy difícil que la emergencia administrativa y política que está solicitando hasta el 2025 el gobierno de Milei sea concedida. Sobre todo, por que pesan experiencias pasadas con el resultado que bien sabe la política. La Ley del Cheque empezó por una emergencia y ya lleva décadas de vigencia.

Las provincias están esperando una negociación concreta con el presidente, también hay que decir que la crisis es de tal magnitud que tampoco la dirigencia política puede especular con el tema del “costo político”. Se entiende que Milei quiera ir rápido con la implementación de su plan, pero sin acuerdo político no va a funcionar. No estamos en un gobierno peronista.

Por ahora, el intento de reordenamiento de la economía está acomodando a la política sobre todo después de mucho tiempo que ocurre todo lo contrario. La realidad está pasando facturas a todos los sectores. Solo resta ver cómo termina la película o sea quien las paga.

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