El sereno estaba asustado. Algo raro ocurrió ese atardecer, cuando llegó a ocupar su puesto en el Cementerio de la Capital. El sol había caído y la luz artificial que alumbra el portón principal es muy tenue. Al llegar, tuvo la oportunidad de divisar algo que le puso la piel de gallina. Habían tres velas prendidas en la puerta justo al lado de un atado de cigarrillos. El portón estaba cerrado y los elementos habían sido colocados cuidadosamente del lado de adentro. El hombre lo comunicó hace algunas semanas a las autoridades, sumando al listado de curiosos episodios que estaban sucediendo.
San Juan 8
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