Los neutrinos son partículas subatómicas sin carga eléctrica y con una masa extremadamente pequeña que atraviesan casi toda la materia sin interactuar con ella, por lo que suelen ser descriptos como “partículas fantasma”.
Su estudio permite obtener información sobre algunos de los fenómenos más violentos y energéticos del cosmos, entre ellos explosiones estelares, agujeros negros y otros eventos ocurridos a enormes distancias de la Tierra.
El Observatorio IceCube utiliza más de 5.000 sensores instalados en aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo antártico.
Cuando un neutrino choca excepcionalmente con un núcleo atómico genera un pequeño destello de luz, que puede ser registrado por esos sensores y permite a los científicos reconstruir su trayectoria y estudiar su posible origen.
La construcción del observatorio se completó en 2011 y dos años más tarde sus investigadores anunciaron la primera detección de neutrinos de muy alta energía procedentes del espacio exterior.
Ese hallazgo abrió una nueva forma de estudiar el universo utilizando neutrinos en lugar de depender exclusivamente de la luz y otras ondas electromagnéticas.
Según destacó el Comité Nobel, las investigaciones realizadas gracias a IceCube demostraron que los neutrinos de alta energía provienen tanto de nuestra galaxia como de regiones mucho más distantes del universo.
Halzen aseguró tras conocerse el premio que los mayores descubrimientos de este nuevo campo científico todavía podrían estar por llegar.
El Nobel de Física está dotado este año con 12 millones de coronas suecas, equivalentes a alrededor de 1,2 millones de dólares.
El galardón de Física fue el segundo Nobel anunciado esta semana, luego del de Medicina, mientras que este miércoles se conocerá el ganador del premio de Química.
Halzen recibirá la medalla y el diploma durante la tradicional ceremonia del 10 de diciembre en Estocolmo, fecha en la que se conmemora la muerte de Alfred Nobel.