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La Justicia cree que Moya le quitó el teléfono a Turcumán para que no pida ayuda y se desangre

Un juez envió a la mujer a juicio con la certeza de que se trató de un homicidio agravado por el vínculo, que tuvo tintes sádicos y de frialdad absoluta. Un corte en la mano de Claudia, la clave para determinar que ella presionó el cuchillo en el corazón de su marido. La herida de Alfredo, la misma que tuvo una víctima de robo que murió en el acto, días antes.

/// María Eugenia Vega

Que Claudia Moya fue perversa, fría y calculadora al momento de tomar la decisión de matar a su marido Alfredo Turcumán, cuando lo ultimó de un cuchillazo en el corazón. Que, pese a que esa herida no le quitó la vida de inmediato y que el joven con sus pocas fuerzas intentó pedir ayuda por teléfono, la mujer evitó que llamara al 911 para que lo socorrieran. Que no quiso pedir la asistencia de una ambulancia cuando Alfredo se desangraba en el piso y que lo hizo varios minutos después del hecho, simulando su consternación, sólo porque la llamada a Emergencias ya se había establecido. Que Moya es culpable del sufrimiento y de la muerte de Alfredo Turcumán y que merece una pena de cadena perpetua; eso es lo que cree el juez Benedicto Correa quien instruyó esta causa, una de las más relevantes que tuvo eco a nivel nacional. El crimen de este chico en manos de su pareja ya tiene fecha de juicio: el 25 de julio próximo, en la Sala Penal III.

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Las pruebas que pesan sobre la espalda de Moya son elocuentes y los testimonios, desgarradores. La mujer respondió a la acusación con una estrategia defensiva que fue siempre extraoficial, ya que nunca declaró su versión de los hechos ante el juez que instruyó la causa, Benedicto Correa. Cuando Alfredo murió (el 22 de junio de 2017, días después de este episodio) y la joven fue detenida, corrió entre pasillos su supuesta versión: que él había estado arreglando una puerta rota y que el cuchillo que había manipulado para destrabar la cerradura le atravesó el corazón, por una mala fuerza que la misma víctima habría hecho contra su propio cuerpo. Que esto se produjo en el marco de una pelea de pareja que tuvieron cuando volvían de una comida, que había sido en la casa de los Turcumán. Esa versión fue desestimada por los investigadores desde un primer momento. Primero, porque Alfredo era carpintero y sabia manipular herramientas. Segundo, porque la fuerza del cuchillo nunca pudo haberle atravesado el corazón con la punta del mango, en ese caso la parte de madera habría quedado en el interior del cuerpo del joven y no fue así. De hecho, se comprobó que el cuchillo fue utilizado en punta. Tercero, porque el cuerpo de madera del elemento afilado terminó descolgado por la misma presión que se ejerció (con intención) contra la víctima y porque producto de la rotura del mango, Claudia terminó con un corte en su mano. Esa fue una prueba fundamental para determinar que Moya le propinó voluntariamente un puntazo a su marido. Estaban sus huellas en el arma mortal.

Otro elemento que contó como evidencia en la causa fue un llamado telefónico a la línea del 911, que supuestamente había hecho la acusada porque él la estaba golpeando en medio de esa disputa, según había trascendido en un primer momento. No fue así. El juez cree que, malherido y mientras se desangraba con pocas fuerzas, Alfredo logró agarrar el teléfono y marcó al 911 para pedir ayuda. Al darse cuenta, Moya se acercó a él insultándolo y le arrebató el tubo, lo hizo en un lapso de cinco segundos que es precisamente cuando se registra un silencio en la comunicación ya iniciada con la operadora (escuchar audio). Con el teléfono en la mano, la mujer comenzó a gritar. Luego, cuando el joven se desvanece, baja el tono de la voz y la intensidad del grito. Se calma y pide una ambulancia a la operadora que estaba del otro lado, escuchando, mientras argumenta que Alfredo había tenido un accidente doméstico.

Las frases del audio que se conoció:

"...la con# de tu madre, golpeador hijo de p#": se escucha de fondo la voz calmada de Claudia Moya diciendo esa frase. Se presume que, en ese momento, Alfredo había agarrado el tubo para llamar al 911 y ella, mientras decía esa frase, se lo sacó de la mano.

".... ¡Ay, Alfredo! ¡La p# que te parió! ¡Llamá a la Policía, por favor, por favor.... Por favor, por favor. Alfredo!: comienza a gritar y su voz se calma con el tiempo.

"... ¡Mandame una ambulancia! Estaba arreglando # y se ha clavado un cuchillo": ya calmada, le pide a la operadora, que estaba escuchando todo, que llame a la ambulancia y planta la hipótesis del accidente doméstico.

Escuchá el audio completo

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Sobre esto, el magistrado que mandó a juicio a la chica dice que fue una maniobra para dejar sentada una situación confusa. Eso le dio tiempo a explicarle a los policías que él la estaba golpeando y ella pidió ayuda, aunque esto no fue real y se contradice con lo registrado en el llamado al 911. Se pudo comprobar que esa comunicación fue efectuada por el joven y que ella no quiso decir la verdad, pese a que su marido se estaba muriendo desangrado en ese momento. ¿Por qué Moya no llamó de inmediato si fue un accidente? ¿Por qué lo insulta al principio del llamado? ¿Por qué espera hasta que él llame y no lo hace antes teniendo en cuenta que la víctima estaba herida? Fueron varios interrogantes que pasaron por la cabeza de quien tuvo que armar la historia. Mientras tanto, un médico legista pudo comprobar que Moya no tenía golpes ni signos defensivos de un ataque, no del momento del hecho. Entonces, la conclusión fue que "no hubo premeditación del hecho", pero sí un cierto sadismo escalofriante que pone a Claudia Moya como una mujer con personalidad inescrupulosa y fría. Esto fue respaldado por un informe psicológico, que está adjunto en la causa que quedó nombrada como "Homicidio agravado por el vínculo", que implica una pena perpetua.

Alfredo llegó al hospital extremadamente grave. De hecho, tuvo tres paros respiratorios. En uno de ellos, camino al quirófano, el médico que lo recibió en el hospital (que declarará en el juicio) debió abrir su pecho como si fuera una camisa y aplicar una técnica directa en su corazón, una especie de bombeo manual para que el órgano no deje de funcionar. Es que no es para menos. Esa punción debió ser letal, pero por razones que no puede explicar la medicina, Alfredo siguió vivo unas cuantas horas más. Esa misma herida, en el mismo lugar y con la misma metodología de realización había matado a Ismael Cajas, un joven que fue víctima de una robo, unos días antes en una esquina de Rawson, mientras esperaba el colectivo. Un ladrón le incrustó una punta en el corazón y falleció en el acto. Alfredo no se fue de inmediato, peleó por su vida, pero no soportó tanto dolor.

Hasta hoy, a pocos meses del juicio, Moya sigue sosteniendo que fue un accidente. No asume que asesinó a sangre fría, según lo dicen las pruebas, y por eso va directo a sentarse a un banquillo frente a los jueces Maximiliano Blejman, Graciela del Pie y Eugenio Barbera. Ellos deberán definir si condenan o no y a esta mujer.