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El boom de los divorcios llegó a las parejas con más años juntas

Lía, de 26 años, la hija más chica de Fernanda y Juan Martín, se fue a vivir a España dos meses antes de que empezara la pandemia. Después de 37 años de casados, por primera vez no había hijos en la casa de Pilar. Porque los dos mayores ya habían volado del nido hacía cinco años. “Es el momento para disfrutar. Eso es lo que nos queda por delante”, dijeron en aquella despedida en Ezeiza, cuando Lía subió al avión en enero de 2020. Se imaginaron que iban a viajar por el mundo, que su vida social se iba a reactivar súbitamente, sin hijos ni nietos en el horizonte. Pero las cosas cambiaron cuando llegó el nuevo coronavirus. Los dos empezaron a trabajar desde su casa. Ella en la docencia y él en la empresa. Y entonces ocurrió lo que nadie imaginaba. “Fue una historia feliz, hasta que la cuarentena nos separó”, explica Fernanda. “De repente éramos dos desconocidos. Te preguntás ‘¿realmente dónde estuve todos estos años de mi vida?’ Jamás habíamos pasado tanto tiempo juntos. Ya no había viajes ni vida social. No teníamos proyectos ni nada en común. Nada que nos sacara de la rutina. Solo éramos extraños que ya no se toleraban”, resume.

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Finalmente decidieron divorciarse. Poner su casa en venta fue una desilusión: la tasaron dos veces y no valía lo que ellos creían. Así las cosas, decidieron esperar a que terminar la pandemia para venderla y alquilar un departamento en Olivos, al que se mudó ella. “No quiero tener que hacerme cargo de toda esa casa yo sola”, dice.

No son pocas las parejas de muchos años que, como Fernanda y Juan Martín, se disolvieron durante la pandemia. Quizá muchos se sorprendieron cuando Bill y Melinda Gates anunciaron su separación después de años de matrimonio y de funcionar orgánicamente juntos, en los negocios y en los emprendimientos solidarios. ¿Qué pasó? Es un misterio. Pero no son los únicos que recordarán la crisis del coronavirus como un punto de inflexión en su relación. Abogados civilistas y mediadores reconocen que, pese a la virtualidad de los trámites, viven una verdadera temporada alta de separaciones. Y que incluso parejas que llevaban muchos años juntos, que habían logrado una resiliencia juntos, se divorcian después de más de 20 años de casados.

Si bien el año pasado recibieron un aluvión de demandas de divorcio, las estadísticas de este año están más equilibradas a causa de la crisis económica. “Hay mucha conflictividad dentro de las parejas por la pandemia. Hoy no se separan por un tercero en cuestión, sino por la convivencia. Por el desgaste. Y no hay un apuro por lograr el cambio en el estado civil, porque desaparecieron los proyectos hasta de formar nuevas parejas. Hay muchas demandas por alimentos, porque la conflictividad de la crisis que trajo la pandemia es muy profunda”, explica el abogado de familia Osvaldo Ortemberg. Las demandas por alimentos tienen una doble complejidad. Por un lado, la dificultad para cubrir los gastos básicos de la casa y los hijos a causa de la inflación; por el otro, la duplicación de gastos que implica la separación. “Además, el hecho de que hay menos trabajo, mucho pago informal y las familias que atraviesan un divorcio no llegan a cubrir los gastos básicos”, enumera.

Unidos por el espanto

Es la razón por la que algunas parejas deciden optar por una separación de hecho y ponerse de acuerdo para dividir bienes más adelante. “Otras parejas, incluso, deciden hacer una división dentro de la misma casa para no duplicar los gastos, aunque ya tienen en claro que no van a seguir juntos. Intentan evitar el conflicto, pero no siempre se puede. No los une el amor, sino el espanto, parafraseando a Borges. Y eso lamentablemente es un caldo de cultivo para el estallido de los conflictos”, indica la abogada civil Valeria Piccolo, en cuyo estudio también se incrementaron los pedidos de divorcio.

La crisis que trajo la pandemia en las parejas es más profunda de lo que se creyó. “En los estudios objetivos que hicimos con el observatorio notamos un aumento en los conflictos de pareja”, dice Martín Weinstein, titular de la cátedra de Psicología Social de la Facultad de Psicología de la UBA. Al comienzo de la pandemia, el observatorio que dirige realizó el informe “Familia, pareja y crianza en contexto de pandemia”. Dos de cada tres parejas sufrieron un deterioro de la relación. “Además, existe un aumento en las denuncias de la violencia familiar y de género, documentada por organismos como Unicef y ONU, de hasta un 40%. Las restricciones a las que obliga la pandemia generan una paradoja. La pareja, para sumergirse en el deseo y el amor, requiere un lugar de individuación. Cada miembro requiere sentir confianza en sí mismo. El amor tiene algo de simbiótico y la convivencia obligada es una experiencia simbiótica. La pérdida de la individualidad fue tan brutal que generó una enorme sensación de vacío en muchas personas. Esto impacta en las relaciones sexuales y en las expresiones de cariño”, describe Weinstein.

Las estadísticas de divorcios en la ciudad estarán pasadas en limpio en unos años, porque quien se divorcia no está obligado a inscribir su nuevo estado en el Registro Civil. Hasta el año pasado, la relación era que una pareja se divorciaba por cada dos que se casaban. Si bien los datos del Registro Civil porteño marcan que la proporción se mantuvo (en 2020 hubo 5500 casamientos y 2687 inscripciones de divorcios), se estima que los divorcios fueron casi tantos como los matrimonios ya que solo el 30% de los divorcios se inscriben. Además, mientras el Registro Civil estuvo cerrado la mayor parte del año, los Tribunales volvieron a funcionar un mes después del inicio de la cuarentena.

Sin relaciones paralelas

Erica y Ricardo llevaban nueve años juntos cuando llegó la pandemia. Tienen un hijo de siete años y habían compartido muchos proyectos y sueños, ya que trabajan juntos. Sin embargo, todo se quebró durante la cuarentena. Los amantes, que cada uno de ellos tenía, quedaron a la distancia con los primeros meses del aislamiento. Algo que al principio pareció temporal, con el correr de los meses empezó a deteriorar la relación del matrimonio. Antes no habían salido a la luz, pero con el encierro ambos estaban irritables, enojados. Todo roce era el estallido de un conflicto. “Nos molestaban las cosas más mínimas. Desde que el otro deje una taza sin lavar o el dentífrico destapado”, recuerda Erica.

“Tuvimos que sincerarnos, y cuando lo hablamos explotó todo, pero descubrimos que los dos estábamos en la misma situación. Decidimos separarnos, no por las terceras partes, sino porque ya no compatibilizábamos en nada. Había conflictos que en otro contexto, cuando nos veíamos solo para la cena, eran tolerables, pero ahora eran insoportables. De todas formas, pensamos que lo mejor era esperar un tiempo para no divorciarnos a los gritos, sino dejar que corriera agua bajo el puente y poder estar mejor preparados. Ahora no vivimos juntos, pero el divorcio y la venta de la casa los vamos a hacer cuando termine la pandemia”, dice Erica.

Andrea Efrón es mediadora prejudicial, especializada en derecho familiar y en procesos de divorcios pacíficos. Nunca tuvo tanto trabajo como desde que los trámites se hacen vía Zoom y las notificaciones pueden llegar vía Whatsapp. De hecho, en su Instagram todos los días llegan pedidos de parejas que quieren intentar ponerse de acuerdo antes de llegar a la audiencia de divorcio. “Hay una pandemia de divorcios en ciernes. La conflictividad con la que se llega es alta. Hay mucha carga de frustración del proyecto de vida en común, en general por el impacto de la pandemia en las familias. Por eso, en las audiencias predivorcio, intentamos trabajar para que las parejas se puedan poner de acuerdo y dejen de lado el conflicto”, señala. No es sencillo. “La mayoría de las veces, dentro del Zoom hacemos salas privadas con las partes y sus abogados. Porque necesitan descargar todo eso que sienten. Hay una carga emocional muy fuerte en los divorcios en pandemia. Trabajamos para que ese estallido no se traslade al encuentro con el otro, sino que la audiencia sirva para ponerse de acuerdo”, explica Efrón.

FUENTE: La Nación