La instalación no mostró desde el comienzo la forma de los edificios. Primero, las luces aparecieron como una constelación en movimiento y luego formaron una hélice ascendente antes de organizarse en la geometría de las Torres Gemelas.
Según Designboom, medio especializado en arquitectura y diseño, esa secuencia fue una referencia deliberada a un proyecto que nunca llegó a construirse en Ground Zero. La espiral retomó elementos de la propuesta elaborada por el equipo THINK para el World Cultural Center, durante el concurso de reconstrucción posterior a los atentados.
El proyecto imaginaba dos grandes estructuras abiertas sobre el predio original, con espacios culturales y cívicos en altura, en lugar de dos torres de oficinas convencionales.
La iniciativa finalmente no avanzó. Sin embargo, su concepto reapareció décadas después sobre el cielo neoyorquino, esta vez sin cimientos, fachadas ni pisos. La instalación utilizó la luz para evocar aquella alternativa arquitectónica que quedó fuera de la reconstrucción definitiva del lugar.
La obra tampoco reprodujo los edificios como una estructura sólida. Los trazó mediante puntos de luz separados, uno por cada vida perdida en los ataques.
Con participación de familiares, sobrevivientes y rescatistas
La instalación fue desarrollada con la participación de integrantes de la comunidad vinculada al 11 de septiembre. De acuerdo con ABC7 New York, entre quienes aportaron al proyecto estuvieron familiares, sobrevivientes y rescatistas.
Entre ellos participó Brenda Berkman, artista y primera respondedora del Departamento de Bomberos de Nueva York. También formó parte del proyecto Tim Brown, primer respondedor del mismo organismo en 1993 y 2001.
La producción aérea estuvo a cargo de Sky Elements Drone Shows. El director creativo y productor ejecutivo fue Addison Mehr, mientras que Yan Paul Dubbelman estuvo a cargo del diseño.
La instalación contó además con el asesoramiento artístico de Studio Drift, estudio de arte neerlandés, Shigeru Ban y Dean Maltz.
La coordinación operativa estuvo a cargo de IDEKO, empresa que gestionó los permisos federales y municipales, además de las operaciones de seguridad y protección necesarias para el despliegue.