En paralelo, el impacto emocional empieza a pesar. El 31% reconoce sentirse frustrado por no poder desarrollarse en su área, mientras que un 12% directamente habla de insatisfacción. Del otro lado, aparece una lógica más pragmática: el 35% dice sentirse agradecido simplemente por tener trabajo.
La distancia no solo es académica, también es simbólica. Solo el 20% de los argentinos trabaja de lo que soñaba cuando era chico, uno de los niveles más bajos de la región. Y entre quienes no lo lograron, más de la mitad admite frustración.
El mapa laboral también deja ver hacia dónde se desplazaron esas trayectorias. Ventas, atención al cliente y tareas administrativas concentran buena parte del empleo, independientemente de lo que se haya estudiado. Es ahí donde terminan confluyendo historias que empezaron en aulas de ingeniería, derecho, docencia o comunicación.
En ese cruce entre expectativa y realidad, aparece otro dato igual de fuerte: el 84% no se siente satisfecho con su trabajo actual. Un número que no solo habla de empleo, sino de sentido.
El mercado ofrece oportunidades, pero no siempre coincide con lo que se buscó o se imaginó. Y en ese desajuste, cada vez más frecuente, la pregunta ya no es qué querías ser, sino de qué estás trabajando.