Desde hace algunos años, se sabe que el sueño juega un papel muy importante para el óptimo funcionamiento físico y mental del ser humano, pero solo recientemente se comenzó a conocer y entender las consecuencias que una mala calidad del sueño puede tener sobre la salud a mediano y largo plazo.
“La diferencia entre problema y trastorno del sueño es la persistencia en el tiempo y el impacto en la vida diaria y la salud”, señala Pablo Jorrat (M.N. 120.103), neurólogo del Laboratorio de Medicina del Sueño de Fleni.
Los niños no son ajenos a los trastornos del sueño. Se estima que entre el 25-30% de las visitas al pediatra están relacionadas con algún problema ligado al sueño, y los padres pueden hacer mucho para ayudar a sus hijos a tener el sueño profundo y reparador que necesitan para crecer, vivir sanos y mantenerse bien despiertos durante el día.
¿Cuándo sospechar un trastorno de sueño en los chicos?
Jorrat sugiere estar atentos a los cambios en el comportamiento: a detectar si hay un aumento del nivel de actividad habitual, si bajó el rendimiento escolar, si se queja de dolor de cabeza y si hay somnolencia diurna.
“Durante la noche, puede haber una resistencia para ir a la cama, se tarda en dormir, hay despertares nocturnos frecuentes y ronquidos”, detalla el experto.
¿Qué ayuda a conciliar el sueño en los niños?
- Tener horarios y rutinas regulares.
- Facilitar un ambiente favorable para dormir.
- Evitar comidas pesadas, excesos de azúcares y bebidas estimulantes en la cena.
- Sostener una rutina tranquila antes del horario de acostarse.
- Evitar pantallas una hora antes de dormir.
La iniciación del sueño requiere una compleja coordinación de circunstancias biológicas y de conductas aprendidas: Por un lado, el organismo tiene que estar fisiológicamente preparado para el sueño. Por otro lado, las conductas que realizamos en los momentos previos a dormir, se acaban convirtiendo en rituales facilitadores del sueño que, cuando faltan, nos impiden dormir.
Los rituales de conciliación también son necesarios en los chicos, y con frecuencia, el problema del insomnio infantil no se debe a despertarse por la noche, sino a no poder volver a dormirse, debido a que los estímulos que asocian al inicio de sueño no están presentes a mitad de la noche cuando se despiertan (papá o mamá, luz, cuento…). Sea cual sea el caso, la respuesta de los padres tiene que ser siempre de apoyo.