Evidencia clínica del yoga en dismenorrea
Estudios clínicos publicados en revistas como International Journal of Yoga y Journal of Alternative and Complementary Medicine han demostrado que programas estructurados de yoga de 8 a 12 semanas pueden:
• Reducir significativamente la intensidad del dolor (medido por escala visual análoga).
• Disminuir la duración del dolor menstrual.
• Reducir el consumo de AINEs.
• Mejorar indicadores de estrés y ansiedad.
Los mecanismos fisiológicos propuestos incluyen:
1. Modulación del sistema nervioso autónomo: aumento del tono parasimpático y reducción de la hiperactividad simpática, lo que disminuye la percepción del dolor.
2. Relajación del suelo pélvico y musculatura lumbar: la tensión miofascial crónica puede amplificar la sensación dolorosa. La movilidad suave y sostenida reduce la resistencia muscular.
3. Mejora del flujo sanguíneo pélvico: las posturas de apertura de cadera y flexión suave favorecen la perfusión tisular.
4. Regulación neuroendocrina: disminución de cortisol y mejor adaptación al estrés, factor que exacerba la sintomatología.
Es importante destacar que en casos de dismenorrea secundaria (endometriosis, miomatosis, adenomiosis, enfermedad inflamatoria pélvica) el abordaje debe ser médico especializado, pudiendo el yoga utilizarse como complemento bajo supervisión.
Dimensión psicoemocional y regulación corporal
La región pélvica posee alta densidad de inervación autonómica y está estrechamente vinculada al eje hipotálamo–hipófisis–ovario. El estrés crónico puede alterar este eje, generando mayor sensibilidad al dolor.
Desde la tradición del yoga, esta zona corresponde al segundo centro energético o Svadhisthana, asociado a procesos reproductivos, creatividad y regulación emocional. Si bien el modelo de chakras pertenece al marco filosófico del yoga y no a la fisiología médica occidental, puede interpretarse como una representación simbólica de la relación entre emoción, sistema nervioso y función reproductiva.
La activación consciente de esta región mediante respiración diafragmática y movimientos pélvicos suaves favorece la relajación neuromuscular y la autorregulación emocional.
Cuando esta energía está bloqueada, pueden aparecer rigidez emocional, culpa, represión de emociones o dificultad para conectar con el deseo. Muchas veces el dolor menstrual también refleja tensión acumulada en la pelvis, zona donde culturalmente las mujeres almacenan emociones no expresadas.
Activar el chakra implica permitir el movimiento, la suavidad, la aceptación del ciclo y el permiso para sentir.
No se trata de forzar el cuerpo durante el período, sino de acompañarlo.