Detrás de la convocatoria estuvieron Guadalupe y Valentina Oliva, primas de Gemma y organizadoras de la movilización. Ante los micrófonos del Canal 8 explicaron el por qué de la marcha, el recorrido elegido y el mensaje que quisieron dejar a la comunidad: basta de violencia.
Para las primas de Gemma, salir a la calle no fue solo un gesto de dolor familiar sino también una decisión colectiva: que lo que le pasó a Gemma no se normalice, que el reclamo llegue a quienes tienen que escucharlo y que la sociedad entienda que la violencia de género no es un problema privado.
Al frente de la columna caminó Griselda, la mamá de Gemma. Detrás, una marea de carteles, fotografías y banderas que repetían una sola palabra: justicia. "Mi hija se fue un día y no volvió nunca más. Tengo una nieta a quien explicarle lo que le ocurrió a su mamá", dijo durante la movilización, con la voz quebrada y la mirada fija en lo que viene: que el crimen no quede impune.
La concentración comenzó en Plaza Laprida durante la tarde. Desde allí, la columna avanzó por el microcentro con una bandera que encabezó todo el recorrido: "Justicia por Gemma". Otra consigna acompañó cada paso: "Unidas por Gemma y por todas".
Entre los carteles que se vieron durante la marcha había frases que resumían el dolor colectivo y la urgencia del reclamo. "No estamos locas, nos están matando", decía uno. Otro advertía: "La violencia deja marcas, no verlas deja femicidios". También aparecieron mensajes más íntimos: "Todas las madres merecen ver a sus hijas volver" y "Vivas nos queremos".
Hubo momentos de silencio, abrazos y lágrimas. Y hubo momentos en que los gritos volvieron a poner una misma palabra en el aire: justicia.
Una amiga que habló desde la propia experiencia
Julieta Espejo, amiga de la familia, también tomó la palabra ante las cámaras del Canal 8. Su testimonio tuvo un peso particular: ella misma fue víctima de violencia de género. Desde ese lugar habló al resto de las mujeres que están atravesando situaciones similares y les dejó un mensaje directo: se puede salir, que confíen en su familia.
Su presencia en la marcha no fue solo solidaridad con Gemma. Fue también un acto de valentía personal: ponerse frente a una cámara y decir en voz alta lo que muchas viven en silencio.
Entre los carteles que acompañaron la movilización apareció uno que sintetizó lo que muchos pensaban: "No estamos locas, nos están matando". Otro decía: "La violencia deja marcas, no verlas deja femicidios". Y otro, más simple y más brutal: "Todas las madres merecen ver a sus hijas volver".
Griselda no solo marchó para pedir condena. También expresó su temor ante la posibilidad de que la defensa de Marín intente conseguir algún beneficio durante el proceso. "Ojalá nuestra abogada pueda descartar cualquier pedido para que este asesino quede con prisión domiciliaria, como escuché que quieren pedir", lanzó.
La representación legal de la familia está a cargo de la abogada Fabiana Salinas, quien confirmó que la intención es constituirse como querellante para acceder al expediente y aportar nuevas pruebas. Salinas apuntó además a uno de los aspectos más sensibles del caso: Gemma había denunciado previamente a su expareja y existía una prohibición de acercamiento vigente antes del femicidio. "Acá habían denuncias previas y consideramos que no fueron suficientes para brindar una protección real", sostuvo, al anticipar que ese será uno de los ejes centrales de la investigación.
Cómo avanza la causa
Por el asesinato está imputado Matías Exequiel Marín, quien mantuvo una relación con Gemma durante más de doce años. La Justicia le dictó un año de prisión preventiva mientras continúa la investigación penal preparatoria, encabezada por el fiscal Iván Grassi.
La acusación sostiene la calificación de homicidio agravado por el vínculo y por mediar violencia de género —femicidio—, un delito que prevé como única pena la prisión perpetua. El nivel de violencia del ataque quedó expuesto en el debate desde el primer momento: 31 heridas de arma blanca.
Marín fue detenido horas después del crimen. Un vecino lo encontró y lo redujo antes de que llegara la policía.
La hija que Gemma y Marín tuvieron en común tiene 11 años. Este miércoles, mientras su abuela marchaba al frente de la columna, su nombre volvió a resonar en las calles de San Juan.